EL PERIODICO DE LAS COOPERATIVAS

SETIEMBRE DE 1999


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OPINION
Dr. LUIS VALLADARES


Necesidad de una
estrategia para el cambio


     No son ajenas a ningún dirigente las dificultades que deben afrontar las cooperativas que operan en la llamada economía de libre mercado, -que no es tan libre por las restricciones que sufren las cooperativas, ni tan competitiva como dicen, por la formación de monopolios y oligopolios que funcionan al amparo de las leyes vigentes-.
     Este producto de la globalización es una realidad que no podemos ignorar ni evitar.
     Sin embargo, es necesario que surja de manera pujante y trascendente una alternativa que dé soluciones a tantos problemas graves que han sido consecuencias de su aplicación, como la desocupación; el aumento de la pobreza; la exclusión social; el aumento de la delincuencia y tantas otras prácticas perversas que están alejadas de las conductas sustentadas en valores éticos y morales.
     Una gran parte de la población está sufriendo las consecuencias de un poder económico insensible, avaro y sin principios. Esa parte de la población es la que dispone de menos recursos, por lo tanto la más indefensa.
     El aumento de la delincuencia no es casual. La pérdida de la práctica de los valores tampoco.
     El cooperativismo es una alternativa que puede asumir el rol de dar solución a quienes no pueden alcanzarla por sus propios medios y menos aún, organizarse.
     No debemos esperar que esa enorme cantidad de gente desocupada, que ya es presa de la desesperación, se descontrole y sea presa de algún aventurero que ponga en peligro la paz social.
     No podemos esperar soluciones de los gobernantes. Ellos están comprometidos a través de convenios que han firmado con otros países -véase la Ley 24.425 publicada en el Suplemento del Boletín Oficial del 5 de enero de 1995- que los obligan a cumplir metas a favor de los grandes capitales que derivan en problemas para el resto de la población.
     No podemos esperar soluciones mágicas y menos aún que provengan de candidatos o funcionarios que han participado desde un puesto u otro, de la sanción de leyes como la citada.
     Es tiempo de tomar el problema en nuestras manos y promover la elaboración de un plan de acción que impulse el "nuevo rol de las cooperativas en un mundo económicamente globalizado" para insertarlas en el mismo plano de igualdad que las empresas lucrativas.
     Para ello, se podría convocar a dirigentes cooperativistas, economistas, sociólogos y profesionales complementarios, contratados al efecto, para elaborar el programa de trabajo, la formulación de una nueva propuesta y la elaboración del programa para llevarlo a cabo.
     Naturalmente que ese grupo de personas, bien seleccionadas al efecto, debe trabajar en equipo o elaborar sus propuestas teniendo como base objetivos claros con plazos prefijados y sus dirigentes estar dispuestos a cumplir con las metas trazadas.
     Como la tarea es muy amplia, probablemente la mejor forma de llevarla a cabo, sea a través de las mismas instituciones del cooperativismo.
     Habida cuenta de los malos ejemplos que hemos tenido en los últimos tiempos, se hace necesario que cada uno de los participantes en su elaboración, tenga los mejores antecedentes y una clara trayectoria.
     En cuanto al aspecto económico, entre las casi cinco mil cooperativas que operan en nuestro país, muy bien puede hacerse un modesto aporte para solventar los gastos que este proyecto demande. Porque entre otras cosas, quienes se dediquen a su elaboración, tendrán que cobrar por su trabajo, de lo contrario, no pasará de ser un deseo incumplible.
     Entonces y resumiendo, con el marco de la globalización vigente, podemos crear las condiciones necesarias para que la exclusión de personas que este sistema produce, sea atendida por el cooperativismo, que sin duda pasará a desempeñar un rol a nivel general de la población, que hará innecesario enfrentar los embates de la globalización. Ya que a través de las obras del cooperativismo, se formará un polo de atracción para quienes deseen integrar estas entidades, que crecerá dando soluciones dignas a los hombres y mujeres que estén dispuestos a trabajar, y que son muchos.
     El sistema cooperativo, que tiene la ventaja comparativa de trabajar con principios éticos y morales, tiene la oportunidad de poner en vigencia una vez más, pero a nivel general, el séptimo principio de la A.C.I., "Compromiso con la comunidad". Tenemos que hacerlo.