EL PERIODICO DE LAS COOPERATIVAS

MAYO DE 1999


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OPINION
Dr. LUIS VALLADARES


La independencia perdida

     A pesar de que muchas veces nosotros mismos decimos que tenemos mala memoria, creo que no es tan así. Como seguramente usted, yo también recuerdo que hace varios meses, los representantes del Fondo Monetario Internacional dieron la orden a nuestras autoridades gubernamentales, de que se debía desacelerar el ritmo del crecimiento económico. ¿Se acuerda?
     Se está cumpliendo la orden. Claro, esa orden es sinónimo de provocar recesión.
     Sin embargo, en aquellos momentos nadie expresó que no estaba de acuerdo, al menos públicamente y con cierta difusión como para enterarnos.
     Era algo así como si tal decisión no fuera a tener ninguna trascendencia ni consecuencia.
     Actualmente todos los días los medios de comunicación masiva expresan las quejas y reclamos de diferentes sectores.
     Es cierto que algunos sectores se ven perjudicados por factores del mercado externo que no son manejados por nuestras autoridades económicas. Pero la mayoría de los argentinos hemos comenzado a sufrir las consecuencias del freno impuesto al desarrollo.
     Por supuesto también el Estado lo ha sentido y está percibiendo los efectos, porque ha bajado sensiblemente la recaudación de impuestos, claro que con una ley se aumentan y se supone que se puede resolver el problema. Cosa que no podemos hacer los particulares para aumentar nuestros ingresos, por ley o decreto.
     Lo curioso y dramático de nuestra situación económica, es la enorme elasticidad que aparenta tener nuestra economía, según las manifestaciones de los economistas de turno, pero siempre de la misma línea de pensamiento, es decir los defensores de este sistema económico.
     En apenas cuatro meses hemos pasado de ser "un país menos vulnerable a las crisis" -febrero de 1999-; "el F.M.I. pronostica una caída de la inversión" (marzo); "los argentinos gozan de la estabilidad pero son más desiguales" abril, referido a la diferencia cada vez mayor entre ricos y pobres; "la Argentina es aún muy vulnerable" (abril); "aumenta la tasa en un punto debido al crecimiento del déficit fiscal" (mayo); "drásticos recortes en las partidas del presupuesto nacional" (mayo); hasta que el especulador Nº 1 del mundo, George Soros, es capaz de hacer temblar todo con su afirmación de que es necesario cambiar la paridad cambiaria.
     Seguramente lo que sucede es que cumpliendo el plan fijado y supervisado por el Fondo Monetario Internacional, la Argentina no está tan fortalecida económicamente como se intenta demostrar, porque si así fuera, no sería tan sensible a los comentarios a favor o en contra; además, podríamos comenzar a disminuir la enorme deuda externa en lugar de aumentarla en forma permanente. El presupuesto nacional no tendría déficit. Los habitantes de nuestro país podrían haber aumentado su bienestar, etc., etc.
     Está claro que las variables macroeconómicas, que en su mayoría pueden demostrar el resultado de una supuesta buena administración, no exponen el estado de empobrecimiento de la mayor parte de la población. Porque lo que no reflejan las estadísticas que se difunden, es que la mayor parte de los ingresos que se generan, lo recibe el 20 % de la población en detrimento del 80 % restante.Y sin entrar a analizar los diferentes rendimientos que perciben las inversiones extranjeras -mucho mayores-, comparados con los capitales nacionales.
     Y en este estado de cosas, la desocupación aumenta, con lo cual cada día es mayor la cantidad de personas que se desespera por encontrar una solución a su problema de subsistencia. Ante el aumento de la oferta de mano de obra, los salarios bajan.
     Con la incorporación de nueva tecnología se eliminan fuentes de trabajo. Aunque lo peor es que no se condicione a las inversiones extranjeras que deseen radicarse en nuestro país, a que aumenten la cantidad de puestos de trabajo con nuevas unidades productivas, en lugar de seguir comprando las que están en marcha y concentrando el poder en la industria, el campo, los servicios y entre estos, el riesgo que significa, el dominio de los medios de comunicación masiva.
     No se trata de rechazar el progreso de la tecnología, sino de alentar políticas nacionales de distribución del ingreso de manera más justa y generalizada. Como también de crear las condiciones necesarias para que los desocupados dejen de serlo y los que trabajan puedan estar mejor.
     Estas aspiraciones mínimas y aparentemente tan obvias, no se hacen posibles, debido a la renuncia a los principios básicos establecidos en el Preámbulo de nuestra Constitución Nacional: "...constituir la unión nacional, afianzar la justicia, consolidar la paz interior, proveer a la defensa común, promover el bienestar general, y asegurar los beneficios de la libertad, para nosotros, para nuestra posteridad, y para todos los hombres del mundo que quieran habitar el suelo argentino..." Esto que no hace mucho tiempo fue utilizado para los discursos políticos, se quedó en ellos.
     Sabemos que nuestros problemas no son tan nuevos como muchas veces pensamos, ya que el mismo Domingo Faustino Sarmiento manifestó "¿La Constitución Nacional? Ah, ese librito que está por ahí" irónicamente por supuesto. Y ese librito, lamentablemente muchas veces no se lo tiene en cuenta o cuando se lo considera es para modificarlo con fines políticos partidarios, en lugar de hacerlo -si fuera necesario-, para recuperar nuestra independencia económica; nuestra libertad política; nuestra identidad y la dignidad de todos los hombres que habitan el suelo argentino..