|
|
|
|
|
EL
PERIODICO DE LAS COOPERATIVAS
|
JULIO DE 1999 |
|
La crisis del campo Históricamente
hemos sido expectadores de los frecuentes altibajos de la situación
económica del campo y consecuentemente de la variación
de los rendimientos, que han tenido los productores, y entre ellos,
particularmente los pequeños y medianos.
Entendemos que la influencia de los factores climáticos es decisiva para lograr el éxito o el fracaso de esta explotación, en las condiciones que han prevalecido durante muchos años y que recién en los últimos tiempos se verifica una tendencia, en algunas regiones de nuestro país, orientada hacia la tecnificación más sofisticada. También tienen una influencia fundamental los precios internacionales. En este último aspecto, se conocen las causas que se provocan intencionalmente, pues las observaciones satelitales permiten con rigurosa exactitud establecer cómo será el abastecimiento futuro de los mercados, de acuerdo a las superficies sembradas con los diferentes tipos de cultivos, como así también lo atinente a la cría de ganado y por supuesto de ello deriva la manipulación que realizan los países más poderosos sobre las variaciones de precios, que por supuesto, responden a la conveniencia de sus intereses económicos. Sin embargo después de haberse logrado dos cosechas "records" consecutivas, surgen algunas dudas. Es cierto que se ha producido una considerable baja de los precios internacionales; que sigue vigente el excesivo endeudamiento de los productores; que existen rigideces en el mercado financiero en cuanto a los refinanciaciones; que son altos los costos financieros a tal punto que se eliminó el concepto de "usura" y actualmente "vale todo" y es legal; que es desmesurada la presión impositiva; que faltan obras de riegos y de desagües -para atender las sequías y las inundaciones respectivamente- y seguramente otros factores que inciden en contra de los productores. Aunque tal vez un poco tarde, ya que lo perdido no se recuperará. En nuestro país que tradicionalmente fue un gran productor agropecuario, ¿no será necesario cambiar de actitud y poner manos a la obra para que las producciones no sigan estando tan expuestas a los factores señalados? Si los gobiernos no hacen las obras necesarias que necesita el campo, ¿no es posible que cuando se logre una buena producción agrícola o ganadera, se destine parte de las ganancias a la realización de las mejoras necesarias? ¿No es posible que los productores agropecuarios, que en algunos casos han demostrado ser capaces de construir puertos y plantas agroindustriales, se propongan y construyan nuevos establecimientos para que no sigamos exportando materias primas sino productos terminados con un mayor valor agregado tanto por los productos elaborados como por la incorporación de mano de obra local, aumentando a la vez sus propios ingresos? ¿O seguiremos consumiendo productos elaborados en el exterior, cuando los nuestros son de la misma calidad o superior, con el consiguiente perjuicio para la industria nacional y para los trabajadores que podría ocupar? Podemos plantearnos también las dificultades reales que existen para lograr la capitalización necesaria para llevar a cabo estos emprendimientos. Sin embargo, ya hay muestras de asociaciones entre productores para aprovechar las inversiones en maquinarias agrícolas, compartiendo su utilización, con muy buenos resultados y menores costos. Es indudable que actualmente, con la crisis que están soportando los pequeños y medianos productores, deben ser atendidos con líneas de créditos de largo plazo, a bajos costos, que les sea posible cancelarlas, además de todas las medidas de carácter promocional que se puedan implementar para que superen esta emergencia. Pero también, entendemos que ante el enorme y perjudicial embate de la globalización económica, en el campo se deben tomar las medidas que conduzcan a una transformación sustancial que mejore radicalmente la posición competitiva de los productos de nuestro país ante lo que ingresa de importación. Fundamentalmente, terminar gradualmente con la exportación de materias primas y exportar productos manufacturados, que entre otras cosas, permite aprovechar los momentos de vigencia de precios más ventajosos en los mercados internacionales para decidir su venta. Lo cual es de difícil realización en productos perecederos sin manufacturar. Creemos que rezar es una muy buena práctica que realizan los hombres creyentes. Como también estamos convencidos, que a la oración hay que acompañarla con la acción, porque como todos sabemos: "al que se ayuda, Dios lo ayuda", y no esperar que como por arte de magia, los problemas sean resueltos por gobiernos que no tienen interés en hacerlo o a costos que debe soportar el mismo productor y muchas veces el resto de la población con su propio esfuerzo y sacrificio. Estos tiempos exigen que las adaptaciones a los cambios, que tanto se difunden, se transformen en hechos concretos. Además, no son tiempos de esperar que a nuestros propios problemas los resuelvan otros, ya que por el contrario, muchas veces son generados por intereses opuestos a los nuestros. Por lo tanto, a través del cooperativismo agropecuario; del fortalecimiento que brinda la unión de las entidades con fines comunes; y la integración definitiva del sector, tenemos las herramientas con las que podemos ser capaces de lograr superar las dificultades individuales. Claro, trabajando en conjunto para tener el éxito tan anhelado. |
|||||
|
|
|||||