EL PERIODICO DE LAS COOPERATIVAS

JULIO DE 2000


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OPINION
Dr. LUIS VALLADARES


La voluntad de crecer

     El crecimiento del P.B.I. per cápita, cuando la distribución del ingreso no es equitativa, constituye una información que no refleja la realidad social de un país. Tan es así, que el P.B.I. de la Argentina estimado para el presente año es de 275.128 millones de pesos, lo que dividido por la población ocupada estimada en 11.743.000 habitantes, da un ingreso promedio anual "per cápita" de la población que trabaja, de $ 23.429,11, lo que resulta mensualmente la suma de $ 1.952,43.
     Si bien este es un dato estadístico que se utiliza para determinar las variaciones entre determinados períodos, no cabe duda que dada la inequidad en la distribución de la riqueza, nadie pensará que el promedio de ingresos de los habitantes de la Argentina es el que arroja esta fórmula. Aunque también se lo toma para determinar el grado de desarrollo de un país por los organismos financieros internacionales que lo utilizan como una unidad de medida para calificarlo, en relación a la "ayuda" que destinan para determinados fines.
     En recientes estudios realizados por destacados analistas, se ha llegado a la conclusión de que el estado económico de la población de un país, se debe fundamentalemente a su condición cultural, en el sentido más amplio de la expresión.
     Creo que este razonamiento es muy acertado, a excepción de los países afectados por factores ajenos a la voluntad de su pueblo, como pueden ser los fenómenos climáticos. Pero en otros casos, tenemos ejemplos de países que han resurgido después de haber sido desvastados por guerras y no solamente se han recuperado, sino que han pasado a estar entre los primeros países desarrollados, lo que demuestra un gran sacrificio pero también la firme voluntad de superar las dificultades.
     En nuestro país, que no ha tenido ningún conflicto bélico que lo destruyera, resulta que estamos en permanente declinación económica. Seguramente esto sucede por una decisión, aunque involuntaria, de la mayoría de los habitantes.
     Solamente con preguntar a cualquier persona cómo está, podemos saber el estado de ánimo pesimista que se ha generalizado. Y de esta manera, es imposible que superemos la profunda crisis en la que por diferentes razones, hemos entrado.
     Entre tantos inconvenientes, tenemos además, la mala costumbre de adjudicarle la culpa a los demás, sin asumir la responsabilidad propia, y menos aún, hacer el esfuerzo individual, colectivo y decisivo, para comenzar a revertir este estado que día tras día se agrava.
     A las expresiones de conformismo que repetimos frecuentemente, como "y bueno, ya vendrán tiempos mejores", debemos calificarlas de mentiras. Los tiempos no vienen mejores ni peores, los hacemos nosotros con nuestro esfuerzo. Pero claro, si todos esperamos el milagro de una "salvación divina", lo único que lograremos es que del pesimismo pasemos a la ausencia de esperanza y de ésta a la desesperación.
     Si todos, pero todos, nos decidimos a hacer lo que esté a nuestro alcance, en cada uno de los puestos de trabajo que tengamos, con el objetivo de superar el mal momento que estamos atravesando -momento que ya lleva varios años- seguramente obtendremos el progreso económico y social que tanto anhelamos pero que no nos decidimos a crearlo.
     Claro, los que no tienen trabajo, pueden decir que es fácil escribir esto, lo difícil es hacerlo. A ellos les contesto que cuando una persona no tiene trabajo, no debe quedarse en su casa esperando una respuesta providencial a las cartas que envía a quienes solicitan empleados. Hay tiempos en la vida de los hombres, en los que debe tomar decisiones firmes hasta lograr lo que se propone. Tal vez no sea el trabajo que más le guste, el que tenga que hacer -siempre estoy refiriéndome al trabajo honesto- pero en todo caso, será la forma de comenzar a resolver por sus propias fuerzas, voluntad e inteligencia, los problemas que causa la desocupación, que en muchos casos destruye personas y familias.
     Volviendo al tema central de la decisión de crecer, le aseguro que no vivo en una campana de cristal, como para ignorar la enorme influencia que tienen las decisiones de los gobiernos; de la globalización -decisión tomada en la Argentina por un gobierno-; de los enormes cambios que han experimentado los puestos de trabajo; de las tremendas exigencias laborales desde la aparición de la computación, a tareas que podían ser resueltas antes, con mucha menos capacitación, etc. Pero si todos producimos menos, es natural que se achique el mercado. De la misma manera que si todos decidimos impulsar la actividad económica desarrollando cualquier actividad, seguramente en muy poco tiempo, mucho menos de lo que los pesimistas suponen, comenzaremos a comprobar que somos capaces de superar las dificultades que estamos padeciendo, porque habrá más bienes pero también más personas con ingresos que podrán comprarlos.
     Por supuesto que si nuestra tarea la desempeñamos en una organización productiva, de cualquier naturaleza, y ponemos todo nuestro esfuerzo en que esa organización progrese, nuestra tarea se verá fortalecida por el impulso que le dará todo el conjunto de personas que se desempeñen en la misma.
     Los cooperativistas saben mucho de esto. Tanto, que la base de lo que hacen es cooperar. Y si los dirigentes de las 5.000 cooperativas que hay en nuestro país, se deciden a provocar el cambio en forma simultánea, se logrará el "milagro" tan esperado, sólo que no será un "milagro", sino el resultado de un esfuerzo realizado en conjunto.