EL PERIODICO DE LAS COOPERATIVAS

ENERO DE 1999


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OPINION
Dr. LUIS VALLADARES


Un futuro difícil

     Las estimaciones acerca del comportamiento de la economía en el año que recién comienza, auguran una mayor recesión, por lo que será menor el crecimiento del P.B.I., con lo cual habrá mayor desocupación.
     No escapa al sentido común de cualquier ciudadano, que existen razones muy valederas, lamentablemente, para que este pronóstico sea realidad.
     Como siempre, tenemos una buena excusa para justificar cualquier error o desfase en la economía. En este caso el problema que nos afectará se deberá a los efectos económico-financieros de nuestro vecino Brasil.
     Pero a nadie escapa, que mucho antes de que la crisis brasileña fuera conocida, el Fondo Monetario Internacional ya exigía que nuestro país bajara el ritmo de crecimiento. Que es lo mismo que exigir que se produzca menos, que se aumente la desocupación y como consecuencia se rebajen más los salarios.
     Es cierto que nuestra moneda ha recuperado su valor. Hace 10 años, con un billete de 100.000 australes, o sea de 10 pesos actuales, no se compraba nada. Sin embargo, ahora ese mismo billete tiene mucho más valor, porque los precios bajaron sensiblemente y porque han ingresado productos a precios que la industria argentina no puede producirlos.
     Ahora bien, actualmente podemos adquirir productos procedentes del sudeste asiático muy baratos, como también, artículos producidos en nuestro país a menores precios relativos que antes del cambio del sistema económico, porque no incluyen ninguna expectativa inflacionaria. Pero esto que es un progreso económico, significa un retroceso en nuestro nivel de vida, es decir, que tiene un alto costo social. Porque también es cierto que en las épocas de muy poca inflación, un empleado medianamente bien remunerado, tenía la posibilidad de comprarse un pequeño departamento o un auto, y con el transcurso de no mucho tiempo, ambas cosas. Sin embargo, actualmente, los que todavía creemos que pertenecemos a la clase media, nos vemos obligados a trabajar muchas horas más para ganar mucho menos. Por lo que poco interesa que todo esté más barato si no podemos comprarlo o si pudiendo hacerlo, no tenemos tiempo para disfrutarlo porque nos dedicamos más al trabajo.
     Si a eso le agregamos la enorme cantidad de desocupados y excluidos del ámbito laboral que hay en nuestro país, muy fácilmente arribamos a la conclusión de que hemos retrocedido y mucho. Y esto tampoco se puede admitir diciendo que en muchos países del mundo ocurre lo mismo, porque debiéramos saber cómo protegen esos países a los desocupados y comparándolos con el nuestro, también habrá que determinar la cantidad de recursos naturales que se poseen y que no es común hallarlos en otras partes del mundo.
     Por supuesto que sobre el particular, existen diferentes opiniones. Hasta siguen estando los que dicen "no hay plata pero los lugares de turismo están completos". Lo que no se dice es que los que todavía pueden ir de vacaciones, van menos días que antes, y por supuesto, los que se quedan en sus hogares son la mayoría. La decadencia es tan profunda, que en los hoteles que son propiedad de los sindicatos, que fueron comprados o construidos para sus afiliados, en la actualidad se hospedan los pequeños y medianos empresarios y también profesionales. Los afiliados a los sindicatos que pueden ir a sus propios hoteles, constituyen la minoría, y lo hacen por 7 días como máximo. A quien le quede alguna duda respecto de esta afirmación, puede leer en cualquier diario de circulación general, los avisos de estos hoteles que expresan claramente "abierto al público". Además en las cocheras de esos hoteles, se ven automóviles último modelo, que no escapa a nadie que no pueden ser de obreros que ganan 500 pesos mensuales o menos.
     Por otra parte, por la facilidad con que muchas empresas despiden al personal y las dificultades para conseguir un nuevo trabajo, se ha instalado en nuestra sociedad el temor a perderlo. Nadie se siente seguro, sea cual fuere su ubicación jerárquica en la empresa. Pues en cualquier momento, la empresa es vendida y los nuevos dueños cambian la política con el personal y nada es estable. Esa estabilidad tan necesaria para que el trabajador produzca más y mejor. Para que viva con su familia sin temores ni sobresaltos. Para que pueda disfrutar del derecho al trabajo que le corresponde. Y finalmente, seguramente lo más importante, para que pueda ser feliz, porque también y fundamentalmente de eso se trata.
     Es decir que los progresos económicos alcanzados, no cabe duda que han beneficiado a los que más tienen, en detrimento de los trabajadores de menores ingresos. Y no se trata de defender utopías como la de que todas las personas tengan acceso al mismo nivel de vida. Sino que por lo menos, los que deben vivir de un salario, lo hagan con dignidad, ya que existen progresos tecnológicos que aumentan la producción y disminuyen los costos de los bienes y servicios. Y no se someta al despiadado destino de no poder comprar un medicamento cuando está en situación de riesgo la salud. Y con respecto a esto, se ha tornado tan habitual, que ya a nadie sorprende ver que una persona compre en la farmacia medicamentos fraccionados, cuando todos sabemos que la acción terapéutica, no la pueden realizar dos comprimidos solamente, como ha habido casos de los que fui testigo.
     La situación económico-social reclama un cambio. La economía solidaria tiene la respuesta. Hagamos el esfuerzo de difundirla.