EL PERIODICO DE LAS COOPERATIVAS

AGOSTO DE 1999


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OPINION
Dr. LUIS VALLADARES


Aumento de la pobreza

     Resulta difícil aceptar o al menos intentar comprender cómo es posible que un país como el nuestro ha pasado de ser "el granero del mundo", el depositario de los sueños de los inmigrantes que llegaron para "hacerse la América", el mismo que tuvo etapas de prosperidad para todos los que habitaron su suelo; a un país que no solamente no está en el primer mundo como a veces se intenta hacernos creer, sino que hemos cambiado un futuro promisorio por un presente cada vez más preocupante.
     Desde 1991, en el último mes de mayo, se ha registrado oficialmente el máximo de pobreza.
     Actualmente el 27 % de la población está bajo la llamada línea de pobreza -aproximadamente 3,2 millones de personas- y el 7,4 %, por debajo de la misma -casi 900.000 personas-. Es decir que en el primer caso, un hogar tipo no supera el ingreso de $ 495.- por mes, y en el segundo, ese importe se ubica en $ 280.-
     Se ha computado en el último año que hay aproximadamente 13.4 millones de pobres.
     Si a eso le agregamos que hay un aumento del desempleo y que en especial se agrava por la cantidad de jefes de familia que sufren esa situación, la situación social en nuestro país se ha deteriorado tanto que será necesario llevar a cabo políticas orientadas firmemente a revertir la tendencia.
     Cuántas veces hemos escuchado decir que este problema, especialmente el de la desocupación, no es exclusivo de la Argentina. Que se padece en muchos países del mundo, entre los que también se reitera el caso de España, en el que el índice de desocupados llegó al 20 %, aunque en los últimos tiempos ha descendido bastante. Lo que no se dice y precisamente corresponde agregar a España, es que existe un seguro de desempleo mediante el que se le paga a los que no tienen trabajo un subsidio que está estrechamente vinculado con la actividad de quien atraviesa esa situación. Es decir que cobra mucho más un médico desocupado que un operario sin especialidad. Mientras que en nuestro país a todos se les paga la misma cantidad, que lamentablemente no les alcanza para satisfacer las necesidades más elementales.      Tampoco se menciona que en este mismo país, existe la "pre-jubilación", que es un sistema basado en una consideración humana realmente encomiable.
     Se trata de que las empresas que deciden reducir su plantel de personal, les ofrecen pagarles el mismo sueldo que un trabajador cobraba por su servicio laboral, pero sin trabajar, hasta el momento en que cumpla la edad que le permita jubilarse. La empresa se beneficia con la exención del pago de las cargas sociales y con ventaja financiera que significa no tener que abonar indemnizaciones al contado.
     Es evidente que a través de esta metodología se le da un tratamiento humanitario al grave problema de la desocupación. Pero también queda claro que las versiones que nos llegan, en general, son verdades a medias. Y lo real en nuestro país, es que el tratamiento dista mucho de lo que pasa, como en el ejemplo citado, en un país que se lo cita como ejemplo de que males como los nuestros también los padecen países desarrollados.
     El privilegio de vivir en un país que tiene los cuatro climas; las producciones más diversas; riquezas mineras, ictícolas, tierras inmejorables y tantas otras particularidades, nos indican que si se lo administra eficientemente y poniendo en el centro de todo interés a los seres humanos que lo habitamos, es posible superar la decadente situación a la que hemos llegado.
     El pueblo argentino no merece estar sufriendo. Nuestra juventud tiene todo el derecho a progresar, a tener proyectos de desarrollo propios, a soñar con un futuro próspero, a que le dejemos un país que tenga posibilidades ciertas y estables para que sean felices.
     Nosotros, los que pertenecemos a la generación intermedia, hemos contraído una deuda muy grande con las generaciones que nos siguen. Tenemos la obligación de hacer todos los esfuerzos que sean necesarios, para dejar un país mejor que el que recibimos, o al menos igual. Pero de ninguna manera, tenemos el derecho de haber "gastado tanto a cuenta". Constituye un grave error generacional, haber recibido un país en el que sólo soñábamos con el progreso personal y familiar, para dejar un país en el que resulta difícil construir esperanzas y sueños.
     Nuestra juventud merece lo mejor. Nosotros podemos, porque lo hemos vivido, reconstruir ese país en el que la gente era feliz.
     No permitamos que se repitan los errores cometidos. No compartamos la idea de privilegiar lo material por sobre los valores humanos. Estos últimos junto a la educación serán los que harán posible resolver los actuales problemas.
     Hagamos todo lo que esté a nuestro alcance, y es mucho, por difundir las bondades del sistema cooperativo, como una de las soluciones que pueden colaborar eficientemente a mejorar la calidad de vida de la gente.
     Nuestra deuda es muy grande, comencemos a cancelarla brindándonos solidariamente a orientar a los más jóvenes.