Dr. Favaloro: perdónelos,
no sabían lo que hacían
 

     A través de nuestros encuentros con el personal superior de la Fundación, ocurrido hace varios años, nos enteramos que la entidad afrontaba una situación difícil. Esto que ahora ha tomado estado público solamente por la extrema decisión tomada por su creador, no es de ahora y seguramente muchos lo sabían, dentro y fuera de la Fundación.
     Por nuestra parte -y esto no constituye ningún pretexto- ignorábamos la magnitud y la gravedad de su situación económica. No obstante les hicimos una propuesta con la que creímos que era posible llevar a cabo un proyecto que la ayudara. Ahora nos damos cuenta que son muchas las personas que debieran haber actuado en correspondencia con sus obligaciones y la enorme solidaridad del Dr. René G. Favaloro.
     Pero también comprobamos que no ha sido así.
     Doctor Favaloro, ahora para usted y para todo el mundo ya es tarde. Su partida ha dejado consternados a quienes por conocer la enorme obra que realizó y por gratitud, lo estamos llorando.      Usted nos ha dejado un tremendo mensaje para nuestra sociedad: fue necesario que se inmolara una persona eminente, un ser humano excepcional, para que su obra pueda seguir funcionando.
     Percibimos que el hecho que nos ha conmovido tanto, contiene un mensaje más importante y significativo que la razón que aparentemente lo provocó. De ninguna manera, esta pena, debe quedar ahogada por el llanto, sino que debe servir para que todos tomemos conciencia de la decadencia que sufre la práctica de los valores éticos y morales, y los que tenemos alguna forma de revertir esta perversa tendencia, hagamos todo lo que esté a nuestro alcance para lograrlo.
     Ninguna sociedad puede permanecer indiferente a la inmolación de uno de sus más prominentes hijos, y menos aún, pensar que no le cabe ninguna cuota de responsabilidad.
     Su Fundación, Dr. Favaloro, seguramente como generalmente ocurre en estos casos, ahora recibirá el pago de las deudas; las donaciones que antes no recibía en cantidad suficiente; el apoyo de tantas personas y empresas que podían hacerlo y no lo hicieron, y seguirá cumpliendo la misión que usted le impuso de servir a la comunidad y ser solidarios con el prójimo. Ese prójimo que le exigió la vida para dignarse a escuchar sus pedidos porque antes no lo escucharon.
     Rogamos para que Dios perdone su decisión y lo tenga en la gloria.
     La humanidad ha perdido a uno de sus hombres más grandes que se dedicó a dignificar la vida.
     Nosotros lo mantendremos vivo con nuestra gratitud a través de nuestros propios ejemplos.

Dr. Luis Valladares
Director

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