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EL
PERIODICO DE LAS COOPERATIVAS
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NOVIEMBRE DE 1999 |
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Divididos y dominados Cuando en nuestro país se hace referencia a una frase expresada por algún político, pensamos que quien la repite es partidario de la ideología política del que la expresó. Nos resulta difícil aceptar los términos medios, y también, que todo no es tan bueno, como tampoco todo es tan malo. Tal vez en nuestra idiosincrasia tenemos una gran disposición de calificar a las cosas ubicándolas en los extremos, sin considerar que existen y es una amplia y variada gama, los aspectos que muy bien pueden ubicarse entre ambos extremos. Tanto es así que hay muchas personas que no creen en la independencia ideológica política. De la misma manera, nos cuesta tomar las cosas buenas de los gobiernos malos, pues aunque hayan sido medidas acertadas, las metemos "en la misma bolsa" en la que agrupamos todo lo malo. Por nuestra parte, no justificamos de ninguna manera, los hechos aberrantes que han resultado nefastos para los seres humanos, cualquiera sea la "causa" o "justificativo" que se utilice para defenderlos. También nos sucede que no queremos reconocer los errores cometidos por los gobernantes con los que simpatizamos ideológicamente. Lo que antecede es necesario mencionarlo, precisamente porque es así, pues si no lo fuera, no hubiésemos necesitado tanto prólogo para tratar esta cuestión: El ex Presidente de la Nación Tte. Gral. Juan Domingo Perón, expresó en el "Congreso de Unidad Latinoamericana" de 1973, que si nuestros países no adoptaban el camino del fortalecimiento y desarrollo propios, el año 2000 nos iba a encontrar "unidos o dominados". Lamentablemente su pronóstico hecho con 27 años de anticipación, nos encuentra "divididos y dominados", es decir que no aprendimos a estar unidos para defender nuestra independencia, ni sabemos cooperar para lograr nuestro desarrollo económico y social. A nadie que esté medianamente informado escapa, que nuestro país a través de la deuda externa está condicionado a cumplir las instrucciones que dictan organismos extranjeros. Por otra parte, llega a tal grado la confusión provocada por la difusión de mensajes interesados, que hasta nos parece bien el ingreso de capitales extranjeros, sin entrar a analizar si están o no obligados a crear nuevas fuentes de trabajo. En la primera etapa, lograron que nosotros aceptáramos sus exigencias. Así se procedió a la llamada "desregulación" de todas las actividades, que no es otra cosa que retirarles la protección a todas las actividades locales con el argumento de que la competencia resuelve todo. Una vez más nos fuimos de un extremo al otro, pasamos de un Estado que pretendía fijar los precios de todos los productos, a través de los reiterados planes de "control de precios", a un Estado que facilitó el ingreso de capitales, sin exigirles la creación de más fuentes de trabajo; y de productos extranjeros industrializados en países en los que la mano de obra es mal pagada, ni existen normas de protección en la seguridad social. Con lo cual la industria argentina está en un permanente proceso de extinción. Una vez logrado el marco legal que los favorecía, con nuestra aprobación mediante la Ley 24.450 sancionada por el Congreso de la Nación, los capitales extranjeros construyeron sus propias "bocas de expendio", es decir los hipermercados. Es evidente que somos tan responsables de lo que ocurre, como ellos. Uno de los más graves errores, ha sido, dejar en sus manos gran parte de los medios de comunicación masiva, -y las cooperativas lo tienen prohibido- con lo cual, ni siquiera el propio gobierno tiene garantizada su autoridad y se expone en forma constante nuestra soberanía. En los últimos años de gobiernos democráticos, entre los grandes aciertos realizados, se consolidó el sistema democrático y se estabilizó la moneda. Ahora viene la etapa de fortalecer el aspecto social. Para lo cual habrá que resolver el problema de la mano de obra desocupada; la caída del nivel de vida de la mayor parte de la población y una intensa labor para volver a la práctica de los valores éticos y morales tendientes a fortalecer la dignidad de los hombres, entre una innumerable cantidad de asuntos que incluyen a la educación, la salud, etc. En todo esto último, las cooperativas tienen un enorme compromiso. Aunque no hayan sido las causantes de estos problemas, sino por su vocación de servicio a la comunidad y su permanente preocupación por todo aquello que afecta a los seres humanos. Pero seguramente, lo primero que habrá que lograr, es que los dirigentes hagan un gran esfuerzo y realicen una gran tarea de integración de las cooperativas. Complementando sus actividades; las más grandes ayudando a las más chicas; elaborando nuevos planes de desarrollo locales que coincidan con un gran plan de desarrollo cooperativo a nivel nacional. Y tantos otros aportes más, que solamente el cooperativismo y las entidades de la economía solidaria están sinceramente dispuestas a llevar a cabo. Comienza la etapa del desarrollo social. Las Cooperativas no pueden permanecer al margen. Y ya que no hemos sabido hacer las cosas bien -por lo que el año 2000 nos encuentra "divididos y dominados"-, realicemos acciones para lograr el desarrollo, iniciemos el camino hacia la recuperación de la esperanza, la fe y las ilusiones, para cumplir la misión de todo ser humano: dejar un mundo mejor para nuestros hijos. |
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