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EL
PERIODICO DE LAS COOPERATIVAS
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MARZO DE 2000 |
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Se
necesitan políticas de desarrollo
En general existe una predisposición entre los ciudadanos argentinos, a pretender de manera bastante ingenua -aunque existen excepciones, las que en muchos casos, no lo son tanto- que los problemas sean resueltos mediante la sanción de leyes. No vamos a descalificar de ninguna manera el importante valor que tiene dicho instrumento en un Estado de derecho. Lo que creemos que es una obligación señalar, es que con las leyes solamente no se logra absolutamente nada. En cambio se obtienen cambios relevantes en todos los órdenes, particularmente en el laboral y en el económico, cuando esas leyes se cumplen. Aspecto que deja bastante que desear en nuestro país. Aunque hay excepciones que destacamos más adelante. La sabiduría popular tiene acuñada desde tiempos inmemoriales, una frase que forma parte de nuestra idiosincrasia: "hecha la ley, hecha la trampa". En alusión a la forma que se la puede vulnerar. Por otra parte, resulta increíble que personas capaces, que se desempeñan en cargos públicos de importancia, puedan hacer declaraciones y afirmaciones tan ingenuas como carentes de sentido común. La defensa a ultranza de la reforma impositiva por parte del ministro del área, que afirma que el aumento de los impuestos no influirá en la actividad productiva, verdaderamente no se entiende. ¿De dónde sale el dinero que se destina al consumo de bienes y servicios y a las inversiones, si no es del mismo bolsillo de donde sale para pagar los impuestos? Entonces, si debemos pagar más impuestos o mayor cantidad por los mismos que están vigentes, queda muy claro que tendremos menos dinero para destinarlo al consumo y a las inversiones productivas. Cuando se habla de la desocupación, se mencionan medidas como las de rebajar las cargas sociales; reducir el horario de los trabajadores; etc. ¿Alguien conoce a algún empresario que por el solo hecho de disminuir el costo de mano de obra, se decida a tomar personal? ¿O necesitará primero que aumente la demanda de sus productos para luego ampliar su planta de colaboradores? Más aún, creemos que estamos frente a la política de favorecer la disminución de los costos de las grandes empresas que ante la intención de disminuir la desocupación. El temor que causa a las autoridades -aunque mucho más a los trabajadores que son los que más sufren- que continúe el éxodo de empresas hacia Brasil, es sabido que no se trata de una "operación contra la Argentina" inspirada en cualquier cuestión oculta ni misteriosa, sino de las mayores ventajas que brinda Brasil a quienes se radican para producir en su territorio. Es decir que eligen la mayor conveniencia económica, como es común cuando el capital lucrativo analiza -y lo hace continuamente- la forma de aumentar el rendimiento de sus inversiones. Está muy claro que la tendencia es la de aumentar las exportaciones, casi como la única solución para los mayores problemas económicos que afrontamos. Mientras tanto se reduce el consumo en el mercado interno, porque con el argumento de que se debe ser competitivo, hay que disminuir los costos de producción, entre los que incide la mano de obra, es decir que hay que bajar los salarios -práctica que se viene haciendo desde hace varios años- y la consecuencia directa es que las pequeñas empresas que no pueden exportar pero que abastecen al mercado interno, tienden a desaparecer, y con ellas una enorme cantidad de puestos de trabajo. La cultura neoliberal utiliza el término competitividad en lugar de cooperación. Esto ha dado como resultado el nefasto empobrecimiento de las mayorías más desposeídas en todo el mundo, para favorecer a esa pequeña minoría calculada en el 20 % de la población mundial que recibe el 80 % de las ganancias de la producción total. Consideramos que es tiempo de realizar un profundo análisis muy crítico del convenio firmado con la Organización Mundial del Comercio, que es el motivo por el que tan frecuentemente nos visitan funcionarios del Fondo Monetario Internacional en su calidad de auditores del plan económico que firmaron nuestros representantes del Poder Ejecutivo Nacional en el año 1994 y que fuera aprobado por nuestros representantes del Poder Legislativo Nacional mediante la Ley 24.425, sancionada el 7 de diciembre de 1994 y promulgada el 23 de diciembre de 1994. Claro que esta ley se cumple y en todos los aspectos. Pues está perfectamente en línea con los objetivos de la globalización económica, que es la inmoralidad más grande que se ha cometido en el final del siglo XX, a tal punto que hace muy pocos días hemos tenido que soportar que empresas extranjeras, a las que favorece de manera irritante, han amenazado a nuestros gobernantes con irse del país si no se sanciona la ley de patentes de medicamentos, aunque todas ellas no son del rubro, pero no hay duda que hacen causa común a favor de los grandes intereses. Eso mismo que debiéramos hacer nosotros apoyando a las entidades de la economía social, en este caso a las cooperativas, para implementar un sistema que sea capaz de contrarrestar la permanente decadencia de nuestro país y el deterioro de la dignidad de los hombres que está provocando este aberrante sistema económico, que protege los intereses extranjeros y no considera a los ciudadanos argentinos. |
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