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La
Responsabilidad
Puede
estar ligada a un compromiso asumido, como también, a un sentimiento
identificado con todo aquello que aspiramos lograr para nosotros mismos
o que deseamos que sea de determinada manera para los demás.
En
cada hecho cotidiano por más insignificante que sea, se pone de manifiesto
el grado de responsabilidad que tiene cada ser humano, como también,
si no la tiene.
Pese
a que se trata de un solo concepto, su aplicación está condicionada
a una gama tan variada de situaciones, que sería imposible en tan breve
espacio comprender a todas.
Es
por eso y en virtud de las características de esta publicación, que
nos referiremos a la responsabilidad social.
En
este caso, que sin duda involucra a toda la sociedad, existen tres componentes
básicos que forman parte de un compromiso que no es posible eludir,
salvo que en quienes tengan la obligación de asumirlo, prevalezca la
desidia, el desinterés o no les importe las consecuencias que resulten
de su falta de compromiso con la sociedad.
La
responsabilidad implica tomar decisiones, realizar acciones, orientar
los actos de la vida personal en una dirección determinada, etc. Es
decir, que se trata de la combinación entre el compromiso y la obligación
de hacer algo, que una persona siente y asume por su propia voluntad,
impulsada por su sentimiento de sensibilidad ante el sufrimiento ajeno
dando cumplimiento a lo que su propia conciencia le indica.
Se
puede ejercer de diferentes modos, pero siempre con el mismo objetivo:
promover el bienestar general y más aún, elevar la calidad de vida de
las personas que afrontan situaciones muy difíciles que llega a convertirlos
en seres impotentes para modificar por sí solos el estado en que se
encuentran.
Entre
los actores que por las obligaciones que han asumido y por las posibilidades
económicas que tienen –aunque esta última condición no es indispensable
poseerla-, se encuentran los gobiernos; las empresas; las personas poseedoras
de riquezas; las Organizaciones con Fines Sociales y todas las mujeres
y hombres de buena voluntad que sientan la felicidad cuando realizan
actos solidarios.
Siempre
han existido pueblos más favorecidos por las condiciones de vida alcanzadas
y otros que han debido soportar toda clase de sacrificios debido a factores
climáticos, políticos, de creencias de cualquier naturaleza, etc.
Hay
una enorme cantidad de casos de seres humanos a los que se denigra permanentemente.
Ya sea porque viven en la pobreza extrema; porque no tienen acceso al
cuidado de la salud; por no poder acceder a la educación; por no tener
el derecho a la libertad; por ser excluidos del ámbito laboral; por
ser excluidos de sus propios países por razones políticas, religiosas
o de otro orden.
Precisamente
la responsabilidad social, para todos estos casos, consiste en dar una
solución, una respuesta, a través de la asistencia económica y/o espiritual,
para lo también hay una variada y abundante forma de hacerlo. Algunas
de las cuales pueden calificarse como actos responsables, muchas veces
no solamente no resuelven el problema, sino que se limitan a una ayuda
temporaria que no modifica el estado de las personas que la reciben.
Es por eso que suele aconsejarse que la mejor manera de actuar en estos
casos, es precisamente, transmitiendo y formando a quienes más necesitan
ayuda, que ellos también deben asumir una actitud responsable. Puesto
que muy poco durará una ayuda transitoria, mientras que a través de
la transferencia de medios y conocimientos para los que sea necesario
que el propio receptor pueda realizar una actividad que le permita obtener
el ingreso suficiente para resolver los problemas presentes que lo aquejan,
pero también para afrontar su futuro y el de su familia, esto significará
una ayuda verdaderamente eficaz.
En
el caso de la responsabilidad social, se trata de ser sensibles y conscientes
de que todos los seres humanos tienen el mismo derecho a tener una vida
digna. Y de eso todos somos responsables .
Revaloricemos las
virtudes para tener un mundo mejor.
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