|
|
Microcréditos
para los Pobres "Lo que hicimos no fue un plan armado, ni preconcebido. Era importante para mí en ese momento, y para la gente en general, pero surgió a partir de la desesperación, de la frustración.
En 1975, nosotros estábamos sufriendo una terrible hambruna, y la gente se moría por todos lados. En esa época yo estaba estudiando economía en la Universidad, y al salir veía ese panorama. Esto golpea, moviliza, hace pensar que las cosas no funcionan desde el punto de vista económico, advertí que eso era todo hueco, vacío. No se puede ayudar a la gente con promesas sino con realidades. ¿Qué hicimos entonces? Lo primero que pensé es que me tenía que convertir en un ser humano útil, aunque sea por un solo día. Y así empezó todo. Comencé a ayudar a alguna gente y advertí que el principal problema es que muchos no tenían acceso a pequeñas cantidades de dinero, en algunos casos menores a un dólar, que les permitiera trabajar para ganarse su sustento. Observé a una mujer haciendo banquetas de bambú, y que por su trabajo ganaba dos centavos diarios. Yo acababa de volver de Estados Unidos de hacer un doctorado, y acumulaba una cierta arrogancia. Me sorprendió que alguien con semejante habilidad para una tarea determinada trabajara por dos centavos. No entendía por qué ganaba tan poco. Entonces me dijo que ganaba sólo dos centavos porque no tenía dinero para comprar el bambú y que necesitaba 25 centavos para comprarlo. Ese fue el comienzo de todo. Luego agregamos 47 nombres a la lista, y prestamos en total 27 dólares. Yo podía entregar esos 27 dólares de mi bolsillo y solucionaba el problema coyuntural, pero sentía que podíamos hacer algo más importante. Yo supe que 27 dólares no iban a solucionar nada, entonces le prestamos dinero a la gente, por montos más altos. Para ello recurrimos a una institución bancaria, y yo fui el garante. El Banco daba el dinero a la gente y yo asumía el riesgo si no se devolvía. Actuamos de esa manera hasta que pudimos constituir un Banco formal e independiente: el Banco Grameen. Nunca quisimos que el Banco Grameen fuera un monopolio. Y así logramos que 200 entidades realicen un trabajo similar al nuestro, y algunas incluso son más grandes que el Banco Grameen. Nosotros les prestamos dinero a 2.400.000 personas, pero entre todas las Organizaciones, llegamos a los 7.000.000 de personas en Bangladesh. Además, creamos otras empresas. Una de ellas está dedicada a la telefonía celular, y tiene como objetivo llegar con ellos a los lugares donde es dificultoso acceder a un teléfono.
Además, las mujeres han adquirido un amplio conocimiento del teléfono y conocen todas las funciones del aparato. Son expertas en esa tecnología, y hasta hace poco tiempo no conocían ni siquiera la existencia del teléfono. En Bangladesh el 75 % de la población no tiene acceso a la electricidad, por lo que tuvimos que buscar una alternativa para poder recargar los teléfonos celulares. Y lo hicimos, instalando un panel solar. De esa forma evitamos tener que esperar a que algún día llegue la electricidad. Esperemos que la próxima vez que venga, hable de las mujeres de Internet y no de las mujeres del teléfono. Nosotros tenemos que "esclavizar" a la tecnología, y no ser esclavos de la tecnología. El 50 % de los que acceden a nuestros microcréditos son mujeres, ya que advertimos que las mujeres tienen una mayor visión, sobre todo a largo plazo, y además son más responsables en el manejo del dinero y en cuanto a la educación de sus hijos. Sin embargo, no fue fácil lograr que la mujer se inserte a la vida productiva en Bangladesh, debido a la formación cultural de la población del país. Otra decisión que hemos tomado es lograr que la mayor cantidad de chicos posibles vaya a la escuela, ya que el analfabetismo en Bangladesh es muy alto. Estamos trabajando activamente en este aspecto. Hay alguna gente que no devuelve sus créditos, pero en esos casos pensamos que no es su culpa. Si alguien no devuelve el dinero no hay que culparlo a él, sino a nosotros mismos, ya que algún error habremos cometido para que ello suceda, y analizar la situación para que el error no se repita. Nunca vimos a una persona que se haya escapado con el dinero, así que cuando nos encontramos ante una imposibilidad de devolver el crédito, buscamos en conjunto una solución, en general el que aporta la solución es el grupo al que pertenece esa persona, ya que para el otorgamiento de los microcréditos impulsamos la formación de grupos de cinco personas, cada una de las cuales recibe un microcrédito, pero a la vez asumen el compromiso de que todos sus integrantes cumplirán con sus obligaciones. Confiamos en la capacidad de la gente, aún en situaciones de extrema pobreza. La persona pobre tiene una gran cantidad de capacidad no usada, y nosotros buscamos ponerla en funcionamiento. Muchas veces nos vienen a consultar y nos dicen: "¿Tienen alguna idea sobre lo que puedo hacer?", a lo que nosotros contestamos: "Nosotros no tenemos ninguna idea, sólo tenemos el dinero. ¿Si tuviéramos el dinero y las ideas, para qué los querríamos a ustedes?". Con esto buscamos que la gente piense y diseñe su propio emprendimiento, su propio modo de subsistencia y de desarrollo personal. No veo que exista un conflicto entre globalización y microcrédito. Son cosas que nada tienen que ver. Sin embargo, debo decir que apoyo a la globalización, ya que es lo mejor que le puede pasar a la gente pobre, siempre y cuando el intercambio permita compensar lo que no tiene cada pueblo y de esa manera favorecer la interrelación entre la gente de los distintos lugares. Mucha gente de todo el mundo me escribe y me pregunta sobre lo que estamos haciendo. Sin embargo, la cantidad de consultas recibidas desde la Argentina supera a todos los demás países. Creo que el programa nuestro se podría aplicar aquí pero con algunas variaciones. Nosotros en Bangladesh tenemos 12.000 personas trabajando, con un salario digno, jubilación y otros beneficios. Aunque vale aclarar que la mano de obra allá es muy barata, y con los sueldos que se pagan en la Argentina el volumen de dinero necesario para realizar algo así tendría que ser mucho más mayor. Por otra parte, nuestro Banco desarrolla programas en otros lugares del mundo, como Harlem, en Nueva York, y en la zona latina y negra de Chicago, ambos en los Estados Unidos. Estos son todos lugares difíciles, de una gran inseguridad, y allí es donde tratamos de involucrarnos. También estamos llevando a cabo programas en México, ya que el Presidente de ese país está interesado en desarrollar nuestra idea a gran escala. Sin embargo, creemos que si bien debe haber un marco regulatorio, los gobiernos deben estar alejados del sistema, ya que de no ser así, tarde o temprano dejará de existir. En Bangladesh la gente no es propietaria de la tierra. Mi país recibió 26.000 millones de dólares de ayuda externa, y el 65 % de ese dinero se perdió en "intermediaciones", que lo único que hacen es obstaculizar la lucha contra la pobreza. Yo no tomé en cuenta seriamente la posibilidad de ser presidente del Banco Mundial, a pesar de los rumores que hubo, y entonces cuando me preguntaron sobre el tema, irónicamente, respondí: "estoy estudiando la posibilidad, lo estoy analizando". El reportero que hablaba conmigo se sorprendió mucho por esto y allí nació un rumor que decía que yo iba a ser presidente del Banco Mundial, y llevaría la sede del Banco Mundial a Dacca. Yo creo que el Banco Mundial debiera trasladar su sede central a Dacca, capital de Bangladesh. Dacca es un lugar particularmente miserable y pobre, y si el Banco Mundial desea eliminar la pobreza debe actuar donde hay pobreza. ¿Qué hace en Washington? Al comentar esta inquietud me dijeron que los funcionarios estaban instalados en Washington y que no iban a querer mudarse a Dacca. Entonces yo manifesté que precisamente, como esa gente nunca iba a eliminar la pobreza, lo que había que hacer era eliminar a esa gente del Banco Mundial, y quizás tengamos la posibilidad de que las cosas funcionen mejor". |
|
|||
|
|
|
||||