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Año 1 Nº 6  

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Editorial

La responsabilidad social

Es sabido que en la actualidad y desde hace muchos años –por no decir desde que existe la humanidad aunque estamos tratando la vida en sociedad- en el mundo se presentan grandes desigualdades sociales. Todos aquellos que por la actividad que desarrollamos podemos obtener el ingreso suficiente para satisfacer las necesidades de nuestras familias y las propias, tenemos en mayor o menor medida, de acuerdo a nuestra posición económica, una responsabilidad social para con los que sufren.

En el mundo siempre existió la pobreza, pero ahora está creciendo aceleradamente la miseria.

La mayor parte de la población en nuestro país está afrontando dificultades vinculadas con la supervivencia de sus familias y la propia; con la atención de la salud, la alimentación insuficiente o inadecuada; la vestimenta y la educación de sus hijos; con la necesidad de una vivienda digna y con la falta de trabajo. La situación en que viven los expone a toda clase de riesgos a los niños, adolescentes y jóvenes al no hallar la contención necesaria por la falta de recursos y la imposibilidad de obtenerlos dignamente.

Es así que se ven obligados a realizar actos reñidos con la moral y las buenas costumbres; tareas de recolección de deshechos que hasta no hace mucho tiempo, eran muy pocos los que se ocupaban de hacerlo y casi no se los veía y actualmente en las grandes ciudades cada día son más los que se dedican a recoger lo que el resto considera un desperdicio.

En los últimos años se dice con mayor frecuencia, que estamos en una época de cambios. Lo que no se destaca con la misma vehemencia ni difusión, es que esos cambios están atentando severamente contra la cohesión social al provocar un deterioro permanente del nivel de vida de la mayor parte de la población.

No es casual que simultáneamente haya habido una gran expansión y creación de innumerables nuevas Organizaciones con Fines Sociales. Ello es el resultado de la necesidad de atender las demandas de los más necesitados, por las condiciones adversas que tienen que afrontar.

Aquella imaginaria visión que teníamos al promediar el siglo pasado de lo que nos dejaría el siglo XX, durante el que el progreso científico y tecnológico contribuiría a mejorar notablemente las condiciones de vida de toda la humanidad, no se ha cumplido. Más aún, a juzgar por la orientación que tienen los acontecimientos, se vislumbra un futuro poco promisorio, salvo que hagamos algo para evitarlo, porque sabemos que si nos lo proponemos es posible.

Existen etapas en la vida de los pueblos que al igual que los ciclos económicos, aunque han sido alterados con algunas excepciones, presentan requerimientos de diferentes naturaleza.

En la actualidad, el dramático estado en que vive la mayoría de la población, nos obliga a hacer un examen de nuestras propias conciencias. Y si bien es muy difícil que podamos  ponernos en el lugar –aunque sea imaginario- de los que sufren porque no se pueden transferir los dolores ni las angustias, al menos sabemos de qué se trata y tenemos que hacer algo para mitigar esos sufrimientos.

La responsabilidad social se ha instalado, como lo afirmábamos antes, en la innumerable cantidad de Organizaciones con Fines Sociales.

Hay un amplio sector que todavía no da muestras suficientes de ser permeables a estos requerimientos. Se trata de la gran cantidad de grandes y medianas empresas que “no tienen presupuesto” con destino a ayudar a las obras que se realizan todos los días en favor de los más desprotegidos.

Es cierto que existen excelentes ejemplos de unas muy pocas empresas que se ocupan de brindar su ayuda a los más necesitados, pero lamentablemente se trata de un pequeño grupo que no es significativo en el total de las mismas.

La responsabilidad social se evidencia con el compromiso que asumen al distribuir una pequeña cantidad de sus utilidades entre quienes requieren su ayuda.

Todas las empresas obtienen sus ingresos y por ende sus utilidades de la sociedad en su conjunto. O tal vez podríamos afirmar que los obtienen de la parte de la sociedad que todavía puede consumir los bienes y servicios que producen. Se trata entonces, de ser solidarios y devolver una parte de esos ingresos al sector más debilitado de la sociedad.

Siempre se ha sostenido que el pueblo argentino es muy solidario. Naturalmente que se trata de una generalización muy amplia. Pues la solidaridad es muy evidente en los conglomerados de bajos recursos, en los que se practica, por ejemplo, la ayuda mutua en la construcción de viviendas.

¿La solidaridad estará instalada en todos los estratos sociales? O tal vez por no ver las condiciones en que se vive en una villa de emergencia ni conocer las causas que llevaron a esas personas a radicarse allí, se piensa que no son como son, o que están ahí porque por su naturaleza se trata de seres marginales y desprovistos de toda aspiración de mejora y sin valores sanos de convivencia.

Desde ya que cometeremos un gran error si afirmamos que “todos” tienen la misma característica o lo que es lo mismo, que “son todos iguales”. Porque además de ser diferentes, también son distintas las causas que los ha llevado a tener que soportar una vida carente de las más elementales comodidades y medios que inciden directamente en la salud –como es el agua- o cualquier otro elemento que atente contra la salubridad, ya que esos lugares no se destacan precisamente por ser un buen ejemplo de higiene. Más aún, se han transformado en los mejores lugares para que coexistan las más diversas especies de insectos, roedores y  cualquier alimaña en cuyo medio ambiente abunde la suciedad.

Si pensamos durante un momento que todos los seres humanos tienen derecho a una vida digna. Si creemos que con nuestro silencio e inacción estamos contribuyendo a que una gran cantidad de gente siga sufriendo. Si verdaderamente nos sentimos solidarios, debemos darle aunque sea una oportunidad. Porque tampoco se trata de mantener a un sector que está marginado sin considerar los motivos que causaron esa marginación. Pero de lo que sí tenemos que aceptar como un compromiso, es el de brindarles en primer término los elementos fundamentales para que puedan subsistir y seguidamente proveerles las oportunidades a través de las Organizaciones con Fines Sociales de superar la situación por la que atraviesan.

Ellos solos, seguramente no podrán hacerlo. O lo que es peor, por resentimiento, por considerar que la sociedad no los protege o por mil razones, que las tienen, pueden transformarse en mayor medida en personas de mal vivir y ya hemos perdido bastante la seguridad que antes tenían las grandes ciudades de nuestro país.

Ya en los países más adelantados, como por ejemplo los Estados Unidos, para la evaluación o calificación de una empresa, además de sus estados económico-financieros se toma en cuenta el grado de compromiso que esa empresa tiene con la sociedad y por consiguiente la forma en que lo lleva a cabo.

Es cierto que el mundo cambia, como también que el progreso del último siglo ha sido el más sobresaliente. Sin embargo, lo que sigue estando pendiente y en muchos casos ha sufrido un retroceso, es la condición social de los seres humanos.

Se trata entonces, de dar solución a los problemas que exigen el aporte de todos los que están en condiciones de hacerlo.

Esto es tener compromiso con la gente.

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