Edición Digital -Septiembre de 2000 a
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Opinión

Organizaciones con Fines Sociales

por el Dr. Luis Valladares

   Una importante parte de la sociedad canaliza a través de las Organizaciones con Fines Sociales todo el virtuosismo que puede tener un ser humano. Los miembros que las componen son muy sensibles al sufrimiento del prójimo, pues responden con su labor a resolver los problemas que ocasionan dolor, angustia, impotencia, y muchos otros factores que afectan negativamente la vida de los seres humanos.
          En gran medida, muchas de las actividades que desarrollan estas organizaciones, protegen, fortalecen y/o restablecen la dignidad de las personas que han sido afectadas.
          Sería una tarea sumamente compleja referirme a las actividades de todas las Organizaciones con Fines Sociales, por la enorme diversidad de misiones y objetivos de las mismas. No obstante, su inestimable contribución a mejorar las condiciones de vida en el orden sanitario, material y espiritual, las hace merecedoras del mayor respeto y apoyo por parte de quienes también poseen la sensibilidad necesaria para percibir que si bien todos tenemos los mismos derechos, la mayoría de los seres humanos afronta dificultades que merecen ser atendidas.
          Esas personas que por diferentes razones, no forman parte de ninguna organización de esta naturaleza, pero que tienen la posibilidad de colaborar y lo hacen a través del aporte económico, o de brindar tiempo y trabajo a través de las mismas, o que sin pertenecer a ninguna organización formal, lo hacen voluntariamente sin ningún otro fin que ayudar al prójimo, también son merecedoras del más alto reconocimiento.

 

Sitio Social

Cooperativismo  

Mutualismo  

Asociaciones y    Fundaciones 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 
 

Se trata, podría decir, de una legión de seres humanos que seguramente no van a pasar inadvertidos por este mundo, porque se esfuerzan por hacer que la vida sea cada vez mejor para todos.
    Quienes han hecho de esta práctica una misión de vida, conocen el enorme premio que se recibe cuando se ejercita el bien al prójimo: la felicidad que otorga la solidaridad.
 Muchas veces, vivimos en una especie de micro-mundo que nos impide conocer la casi inmensurable cantidad de aspectos que debe afrontar el ser humano. Más aún, si nos interesa el tema porque sentimos el amor al prójimo y nos proponemos hacer nuestro aporte acorde con nuestras posibilidades, para mejorar la condición de vida de nuestros semejantes, muy pronto, comenzaremos a experimentar esa sensación de asombro que a medida que seguimos conociendo las condiciones de vida y los problemas que afronta mucha gente, nos da la sensación que nuestra capacidad de asombro nunca se agotará. Así de dramático es este tema.
          Claro, es más fácil ignorarlo, no preocuparnos por los demás y vivir egoístamente en nuestro micro-mundo. Pero a poco de salir del mismo, muy pronto, muchos sentimos la necesidad de seguir investigando, ayudando y revelando, lo que muchas personas padecen. Y digo revelando, porque en general, existen muchas situaciones, problemas y necesidades, que permanecen ocultos para la mayoría de la sociedad. Pero existen. Y los afectados, en la mayoría de los casos no tienen ni siquiera la posibilidad de hacerlos conocer, por las enormes limitaciones que poseen.
          Es así, que a semejanza de lo que le ocurre a un médico con sus pacientes, no podrá resolver el mal que los aqueja, sin que previamente averigüe de qué se trata. Entonces una de los requisitos básicos para que sean atendidas esas necesidades, es difundirlas. Porque si pudiendo, no lo hacemos, estaremos involucrados con quienes deben resolverlos y no lo hacen. Lo que es una actitud a la que al menos nosotros, no podemos adherirnos.
          Entendemos que en beneficio de la formación de nuestra juventud, que en general, está acostumbrada a recibir más información de los malos ejemplos, o que conocen más a aquellos que no hacen nada por el bien del prójimo, debemos hacerles conocer cuáles son las organizaciones y las personas que se ocupan de hacer obras de bien, que sin duda superan en cantidad a los otros casos.
          Los que se ocupan de ayudar a los que necesitan, cumplen una misión que los dignifica. Seguramente es la misión más noble que puede realizar un ser humano.
          No podemos abordar este tema ingenuamente y es por eso que nos sentimos obligados de citar, lamentablemente, a quienes están mimetizados con quienes cumplen la noble misión que los distinguen, que son los que motivados por intereses ajenos a esta noble labor practican conductas que no condicen con el espíritu altruista de la solidaridad. Pero obviamente, ellos no comparten la misión de quienes son ejemplos de grandeza, sino que miserablemente se aprovechan de sus acciones.
          En la sociedad a la que pertenecemos, lo ideal sería que nadie necesitara ayuda, que nadie padezca dolores de cualquier naturaleza, pero el mundo es así. Y si bien mucha gente se ha propuesto mejorarlo, tal cual están las cosas, pretender transformarlo en un paraíso, se asemeja más a una utopía irrealizable que a la realidad que vivimos.
          No obstante, deseamos compartir el sueño de todos los que realizan obras de bien diariamente, porque sabemos que algo podremos aportar a favor de quienes tanto necesitan.
          Quiera Dios acompañar siempre a quienes sienten tanto amor que lo entregan en cada acto que realizan.