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Prevención
del SIDA Cómo cuidarse y cómo cuidar al otro ¿Qué es el SIDA? Lo primero que hay que saber es que el SIDA es una etapa avanzada de la infección por el Virus de Inmunodeficiencia Humana (VIH) -en inglés se llama HIV-. Por eso lo correcto es hablar de la infección VIH-SIDA sabiendo que es un proceso. Este virus deja sin defensas al organismo: concretamente, mata a las células encargadas de defendernos de las enfermedades. Puede afectar a cualquier persona que no tome medidas preventivas y, por el momento, es incurable. Se ha demostrado científicamente que los contactos de la vida cotidiana no transmiten el VIH: no se transmite por abrazar, besar, compartir vasos y cubiertos, tomar mate o intercambiar ropa con una persona infectada. Tampoco por compartir el lugar de trabajo o salón de clase, utilizar el mismo baño o pileta que ella, lavarla, o dormir en su misma cama. Los insectos no la transmiten, el sudor, o las lágrimas de quienes padecen esta infección tampoco. En una palabra, querer y apoyar a una persona infectada no trae riesgos; al contrario, tiene efectos positivos en su salud y en quienes le rodean. Los que rechazan y discriminan a los portadores del VIH-SIDA ignoran las verdaderas características de la enfermedad. Estar informado sobre los modos en que sí se transmite es el primer paso para la prevención. Está en nuestras manos no recibir ni transmitir el virus. ¿Cómo se transmite? Las tres formas o vías de transmisión son: l Transmisión sexual: a través del intercambio de semen y secreciones vaginales, durante todo tipo de relación sexual con una persona infectada por el VIH, sin preservativo. l Transmisión sanguínea: cuando la sangre de una persona infectada por el VIH se pone en contacto con nuestra sangre. l Transmisión madre-hijo: las mujeres infectadas pueden transmitir el virus a su hijo mientras está en el vientre, en el momento del parto, o durante la lactancia. ¿Qué diferencia hay entre VIH y SIDA? Como ya se expresó, el SIDA es una etapa avanzada de la infección que produce el VIH. Por eso, podemos estar infectados por el VIH –o sea, ser portadores del virus- y todavía, no haber desarrollado el SIDA. Desde que el virus entra en el cuerpo hasta que aparecen los síntomas pueden pasar muchos años (si se realiza tratamiento temprano, más aún). Justamente, la palabra SIDA significa Síndrome de Inmuno Deficiencia Adquirida. Es decir que uno ha desarrollado el SIDA cuando presenta un conjunto de signos y síntomas (Síndrome) que indican que sus defensas están disminuidas (Inmuno Deficiencia) porque se contagió el virus (Adquirida). Cuando se llega a esta etapa aparecen las llamadas “enfermedades oportunistas”, que se desarrollan aprovechando la caída de las defensas. Las más frecuentes son las afecciones pulmonares, de la piel, y diversos tipos de cáncer. A ello se suman los efectos directos del virus en el organismo, que incluyen trastornos del sistema nervioso y el aparato digestivo. Cuando la persona que vive con VIH desarrolla estas afecciones se la considera enferma de SIDA. ¿Existen portadores sanos? No. Las personas a las que se suele llamar “portadores sanos” son, en realidad, “portadores asintomáticos”, es decir que no presentan aún los síntomas del SIDA pero, son personas que viven con VIH. Esto significa que pueden transmitir el virus, y que tiempo después contraerán la enfermedad. Es muy importante tener presente que hay estudios para saber si uno está infectado, lo que permite tomar medidas para no infectar a otra persona, e iniciar tempranamente los tratamientos. ¿Cómo saber si uno contrajo el virus? Si creemos haber estado realmente en alguna situación de riesgo –porque mantuvimos relaciones sexuales sin preservativo con alguien que no sabemos si está infectado, o compartimos una jeringa, o recibimos una transfusión no debidamente controlada, etc.- y deseamos averiguar si estamos infectados o no, es posible recurrir al centro de salud u hospital público más cercano, o a un médico particular, para realizar los estudios correspondientes. Las primeras pruebas que suelen hacerse (Elisa, Western blot, etc.) sirven para detectar los anticuerpos generados por el organismo para defenderse del VIH. Si hay anticuerpos, hay virus. Hay una primera etapa de la infección, alrededor de tres meses, en que la cantidad de anticuerpos generados por el organismo no es detectable por las pruebas –es el llamado período ventana-, por lo que se recomienda, si da negativo, volver a hacerlo tres meses después para confirmar el resultado. No se deben confundir estas pruebas con las de “carga viral”, que miden la cantidad de virus presente en la sangre y no se utilizan para el diagnóstico sino para supervisar el tratamiento de los pacientes con VIH o SIDA. Es importante saber que, por ley nacional, los profesionales médicos o cualquier otra persona que por su ocupación se entere de que alguien es portador del VIH o está enfermo de SIDA, tiene prohibido revelar dicha información públicamente. El resultado de las pruebas es confidencial. ¿Es posible tratar la enfermedad? Sí, hay tratamientos que, aunque no eliminan el virus, tienden a detener su multiplicación y a frenar la destrucción de las células protectoras de defensas. Por lo tanto retrasan el comienzo de las enfermedades. En los últimos años, estos tratamientos han progresado mucho, logrando una mejor calidad de vida de los pacientes. Sin embargo, dado que su aplicación es muy reciente, no se pueden hacer pronósticos a largo plazo. Las leyes nacionales establecen que, en los hospitales públicos, las Obras Sociales y las prepagas médicas se deben brindar estos tratamientos sin costo adicional alguno. ¿Existe una vacuna? Desgraciadamente, la investigación referida a la vacuna anti-VIH no avanza con la misma rapidez que la de los tratamientos. Es muy complicado por la cantidad y tipo de pruebas que requiere. Además, dado que el virus va cambiando, no se puede afirmar que la vacuna lograda será totalmente útil en el momento de su aplicación. Por lo tanto, la prevención es la única herramienta con que contamos en la actualidad para no infectarnos ni infectar. Nuestra vacuna es la prevención. ¿Cómo prevenirse del SIDA? Lo fundamental es ser solidarios; cuidarnos y cuidar al otro; no infectarnos ni infectar. Dado que conocemos las vías de transmisión, es posible enumerar una serie de medidas preventivas:En las relaciones sexuales: l Si ninguno de los integrantes de la pareja está infectado (esto sólo se sabe haciendo las pruebas correspondientes), mantener un compromiso de mutua fidelidad. l Usar correctamente el preservativo. Correctamente significa usarlo siempre que se mantengan contactos sexuales de cualquier tipo, colocarlo de manera adecuada, y usar un preservativo nuevo y en buen estado en cada ocasión. Los lubricantes deben ser los que se venden actualmente como “íntimos o personales” a base de agua, y no los grasos, como la tradicional vaselina o las cremas humectantes, que arruinan el preservativo. El calor destruye la acción de las sustancias protectoras del preservativo, por lo que no se lo debe llevar muy cerca del cuerpo (en bolsillos ajustados del pantalón, etc.) ni dejar en lugares expuestos a aumento de temperatura. Se debe verificar que en el envase figure la fecha de vencimiento y la autorización del Ministerio de Salud de la Nación (normas IRAM) y, en la caja, un folleto en castellano, explicando su uso. Desde 1993, el Ministerio verifica, a través de la ANMAT, las propiedades físicas de los preservativos; realiza inspecciones periódicas a las empresas y publica los nombres de aquellos cuya venta se autoriza. Conocer estas medidas es fundamental; sin embargo, lo más importante –y también lo más difícil- es ponerlas en práctica. Hay que hacer este esfuerzo, defender el derecho individual de decidir cuándo y en qué condiciones iniciarse sexualmente, o enfrentar los problemas de fidelidad de la pareja. Para las mujeres, esto es especialmente importante, porque gran parte de nuestra sociedad aún cree que ellas no deben opinar sobre las decisiones sexuales, lo que las torna más desprotegidas. Además, porque si ellas se infectan, pueden transmitir el virus a sus hijos. En este terreno, deberíamos aprender de los más jóvenes que, según las estadísticas, están incorporando el uso del preservativo como una práctica habitual. La presencia de enfermedades de transmisión sexual (ETS) y de lastimaduras en los genitales aumentan las probabilidades de contagio del virus, por lo que tratarlas es también una medida de prevención. Para evitar la transmisión por vía sanguínea: l Si vamos a ser operados quirúrgicamente, a recibir una transfusión o un transplante de órgano, la sangre, sus derivados y los órganos deben estar efectivamente controlados. El instrumental que se usa debe ser descartable o estar debidamente esterilizado. Estas recomendaciones son igualmente válidas para las prácticas odontológicas. l Cuando se consumen drogas por vía endovenosa, es imprescindible usar una jeringa nueva, sin uso y en buen estado y no compartirla con nadie. l No compartir máquinas de afeitar, alicates, cepillos de dientes ni instrumentos punzantes o cortantes en general. Las dificultades en este caso son distintas: en cuanto a las transfusiones y transplantes tenemos derecho a exigir que se realicen efectivamente los controles; no delegar toda la responsabilidad en los profesionales técnicos cuando se trata de nuestro cuerpo. Los trabajadores de la salud, a su vez, deben reclamar el cumplimiento de las normas de bioseguridad correspondientes. Juntos, los pacientes, el personal sanitario y las instituciones, pueden contribuir a eliminar los riesgos de transmisión por esta vía. A los usuarios de drogas inyectables les cabe hacer el esfuerzo de asumir que una jeringa compartida es una jeringa peligrosa, que pone en riesgo el propio cuerpo y el de los compañeros. De la madre al hijo: Las mujeres embarazadas deben pedir que les realicen los análisis para detectar el VIH porque, en caso de estar infectadas, tienen derecho a recibir tratamiento médico durante el embarazo, el parto y la etapa posterior. Esto reduce muy significativamente el riesgo de transmisión del virus al bebé. No es conveniente la lactancia materna si la madre está infectada. Por lo tanto, la prevención es la única herramienta con que contamos en la actualidad para no infectarnos ni infectar. El mejor de los tratamientos no reemplaza las ventajas de no contraer el VIH. Fuente: Lusida Ver
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