LUN 1 de DIC de 2008    
 
 
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Octubre 2008 - Opinión
 

Debemos modificar hábitos

Por el Dr. Luis Valladares

El desencanto, la decepción y el escepticismo, que en general tienen actualmente los jóvenes en relación a su presente laboral y a su futuro económico, es el resultado de sus propias experiencias y de las observaciones sobre las conductas de algunas personas que no se destacan precisamente por ser de bien.
Quienes hemos vivido épocas en las que sabíamos que si trabajábamos responsablemente era posible progresar; que si estudiábamos, era muy probable que pudiéramos mejorar nuestra condición económica, además de tener una mejor posición social y personal, y con ello, alcanzar un buen nivel de vida, creemos que la situación actual puede mejorarse sensiblemente.
Claro que para progresar, en el sentido que nos ocupa, hay que vencer una enorme cantidad de dificultades que entorpecen la marcha hacia el logro de la confianza y de la credibilidad.
Los daños causados a la sociedad son de diversos y variados orígenes. Desde haber cambiado la naturaleza –además de la denominación, que es lo de menos- de los aprendices por la de pasantes, ya estamos ante un atropello y abuso. Los primeros, mientras prestaban su servicio y eran capacitados para un oficio, cobraban su salario. Los segundos, son utilizados para realizar tareas que en general conocen, o han estudiado para realizarlas, sin recibir nada a cambio, y solamente deben conformarse con la esperanza de que en algún momento los incorporen efectivamente para cobrar un sueldo por su trabajo. Esto que se ha generalizado tanto, es practicado por empresas y por el mismo Estado. Por lo que ambos ejemplos son reprobables.
Otro aspecto importante es haberse perdido totalmente el concepto de la previsión. En el caso del ahorro, por pequeña que fuere la suma, para tener acceso en el futuro a un bien determinado o para solventar un imprevisto. También el pago de remuneraciones sin realizar los aportes jubilatorios correspondientes. Práctica que como el caso anterior, la realizan muchos particulares, empresas y también el Estado.
¿Con qué autoridad moral se puede exigir a un joven si quienes debieran dar el ejemplo, son los primeros evasores? Claro está que no son todos los empleadores, ni todas las empresas. Pero creemos que no nos equivocamos si afirmamos que la mayoría realiza estas prácticas.
Mientras los argentinos sigamos creyendo que no pagar impuestos, ni aportes jubilatorios, ni cumplir con otras obligaciones, es una demostración de la habilidad que tenemos o es sinónimo de ser “vivos” e inteligentes, en lugar de considerarlos delitos, evidentemente será muy difícil modificar estas conductas. O lo que es lo mismo, si continuamos pensando que quienes no actúan de ese modo son tontos, o descalificando a quienes actúan correctamente, para justificar lo que no se debe hacer, será difícil revertir el estado de cosas.
Por supuesto que a lo antedicho tenemos que agregar otras cuestiones como por ejemplo respetar el valor de la palabra; generar confianza en nosotros mismos; respetar y considerar a nuestro prójimo; proteger a los niños y a los ancianos; cumplir con nuestras obligaciones, con el mismo empeño que ponemos al exigir el cumplimiento de nuestros derechos.
Probablemente nos demandará muchos años llevar a cabo el cambio, porque en primer término deberemos modificar una cultura, y sabemos que la cultura, por ser la suma de hábitos y costumbres, es modificable con procesos muy lentos, por lo que demanda mucho tiempo.
Se hace imprescindible entonces, que cada persona de bien no permita que en su ámbito de influencia se cometan este tipo de delitos.
Precisamente nuestras mutuales, por ser organizaciones que basan su actuación en Principios y Valores, son las primeras que tienen la misión de cumplir con todo lo que está regulado por las leyes y difundir esta práctica. Porque de ese modo, se constituyen en ejemplo para toda la sociedad, y es la manera de hacer posible la recuperación del prestigio que con tanta frecuencia es lesionado por alguna mala práctica de quienes utilizan mal la figura mutual o por los intereses contrarios a su esencia. Esta es una de las más importantes contribuciones del sector, que hará posible lograr el cambio que tanto anhelamos la mayoría. Es decir, que lo que debiera ser normal en todas partes se transforme en lo habitual.
Alguna vez los argentinos debemos pensar que si no pagamos los impuestos, se resiente la atención de la salud pública, la seguridad, la educación y todos los servicios que presta el Estado. Que si no pagamos los aportes jubilatorios, estamos privando a los jubilados de recibir haberes dignos y la adecuada atención de su salud.
Que si no cumplimos con las normas establecidas, en términos generales, estamos perjudicando directamente a los jóvenes. No solamente porque les dejaremos un país en peores condiciones, sino porque nuestro ejemplo es tomado como referencia, y ellos actuarán del mismo modo.
De seguir esto así, los jóvenes de hoy serán en el futuro los que no paguen los aportes jubilatorios, y nos privarán de cobrar a nosotros una jubilación digna, como ya les ocurre a nuestros ancianos por nuestra propia desidia. Y también padeceremos la deficiente atención de la salud que hoy reciben nuestros mayores, y careceremos de muchas cosas más.
Pero a decir verdad, nuestra obligación no termina en el cumplimiento de nuestras obligaciones, sino que también comprende a lo que nos rodea. Es decir, que debemos cumplir nosotros, pero también exigir que cumplan nuestros conciudadanos, cualquiera sea el rol que tengan, y por supuesto, también y muy importante es que se lo exijamos a nuestras autoridades, si realmente queremos mejorar a nuestro país.
Claro que también forma parte de nuestra idiosincrasia culpar a terceros. Entonces podemos pensar que parte de la dominación que padecemos está instrumentada a través de los medios de comunicación que por difundir todo lo malo, logran agobiarnos, y de ese modo debilitan nuestras fuerzas para que por impotencia, aceptemos todo sin reaccionar ante nada.
Suele decirse que nosotros, los seres humanos, recogemos lo que sembramos.
Tengamos cuidado entonces, porque si continuamos sembrando y dejando sembrar tantos malos ejemplos, nuestra cosecha será muy mala. Y lo peor, es la condición en que les dejaremos el país a nuestros propios descendientes.

 
 
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