
Los fondos complementarios de jubilaciones y pensiones dan respuesta a una necesidad social que debemos atender
Dr. Luis Valladares
Uno de los principales anhelos de las personas es pasar una vejez tranquila. Porque luego de muchos años de trabajo, de haber cumplido con sus obligaciones laborales y haber contribuido con sus aportes al sistema de seguridad social, saben que algún día les llegará el momento de descansar y de hacer todo lo que no pudieron mientras estaban en actividad. Sin embargo, las expectativas de llegar a esa tranquilidad tan esperada y de disfrutarla, se truncan cuando con la jubilación que perciben no les alcanza para atender los gastos imprescindibles.
Es así que los haberes de la mayoría de los jubilados, son de una magnitud paupérrima, ya que entre el 70 % y el 80 % de los mismos cobra la jubilación mínima, lo que sin duda es una injusticia social que no se compadece con los aportes jubilatorios que han realizado los trabajadores, ni con su contribución al desarrollo del país.
Es cierto que el aumento de la expectativa de vida, un tema que ha adquirido una dimensión importante en todo el mundo, unida a la pérdida de puestos de trabajo en nuestro país, y a la ausencia de responsabilidad y sensibilidad social de muchos empleadores que evaden sus obligaciones, inciden negativamente en el financiamiento de la ANSES, a lo que se debe agregar el desvío del destino de los fondos realizado por el gobierno nacional, y la injusta decisión política del gobierno, que obra como una burla para quienes han cumplido con sus obligaciones, de otorgar el beneficio jubilatorio en forma indiscriminada a quienes nunca han realizado aportes, todo lo cual da como resultado una insuficiente financiación, lo que obliga a tomar fondos ingresados al fisco en concepto de impuestos.
Resumiendo, podemos afirmar que por motivos de diferentes naturalezas, los sistemas jubilatorios vigentes en el mundo, seguramente requerirán una modificación en un futuro no muy lejano para adecuarlos a la nueva realidad.
De todos modos, en nuestro país cada vez menos se corresponde lo que los afiliados y las empresas aportan, con lo que perciben los beneficiarios cuando se han jubilado.
De tal manera, se hace necesario que, independientemente de lo que decidan las autoridades pertinentes, busquemos una solución que satisfaga las necesidades no cubiertas por el sistema oficial.
Por otra parte, las desigualdades de nuestro sistema previsional público son irritantes. Mientras la gran mayoría de los pasivos padecen la insatisfacción de sus necesidades básicas, existen altas jubilaciones de privilegio sin el requisito del cumplimiento de años trabajados en la función que les confiere tal beneficio, ni las edades que se les exige al resto de los beneficiarios.
Por eso es que creemos que entre tantos servicios que prestan las mutuales, los fondos de jubilaciones y pensiones constituyen un importante aporte a la sociedad.
La mutualidad fue la primera en crear la jubilación privada. Desde hace muchos años funcionan mutuales en nuestro país que dan este importante beneficio a sus asociados.
Pero en la actualidad, la difícil situación que deben afrontar los jubilados, hace necesario estudiar la posibilidad de crear más fondos que posibiliten complementar los haberes jubilatorios.
La mutualidad tiene todas las posibilidades legales ya que está habilitada para ello, y cuenta con profesionales de alto nivel que ya han participado en la creación de los mismos y continúan trabajando en las funciones de auditoría, asesorando y recomendando a los responsables mutualistas, acerca de las medidas que hay que tomar para el mantenimiento y mejor rendimiento de los mismos, ya que exigen una muy buena administración.
En este tema, hay varias y muy buenas experiencias en el sector que pueden ser aprovechadas para hacer consultas. Seguramente todos los que están brindando este servicio están dispuestos a colaborar con quienes recién se inicien, tal como es la idiosincrasia de los responsables de conducir a las entidades del sector.
Por ello, sería muy auspicioso que la mutualidad, que tiene una profunda sensibilidad social, comenzara a plantearse muy seriamente dar una respuesta a este grave problema que afecta a tantos argentinos y que cada día tiende a deteriorarse más.
Una vez más la mutualidad tiene la responsabilidad de resolver una necesidad social, que en este caso es acuciante y por eso requiere respuestas serias y urgentes.
Y con ello, las organizaciones de nuestro sector, que están imbuidas de valores como la solidaridad, la ayuda mutua, la responsabilidad y el esfuerzo propio, responderán como lo hace siempre a su propia misión: elevar la calidad de vida de las personas asociadas.
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