
La desprotección y el desprecio por los jubilados
Dr. Luis Valladares
Es conocido por toda la población que en el sistema de la seguridad social de la Argentina desde hace muchos años no se atienden las necesidades reales de los adultos mayores.
Aquello de que los ancianos, junto con los niños, son –eran- los únicos privilegiados, quedó en el olvido. Sus sucesores ideológicos lo han despreciado sin ningún reparo ni consideración por esa parte importante de la sociedad que es la más desprotegida, lo que se agrava por su natural condición de indefensión.
En cuanto a los ingresos de los adultos mayores, el sistema previsional actual considera para el cálculo del haber jubilatorio solamente los ingresos de los últimos diez años, y no tiene en cuenta los aportes efectuados con anterioridad, que dado el profundo deterioro de las condiciones laborales del mercado, provocado a partir de la década de los años ´90, esos diez años que se toman para el cálculo, suelen ser a nivel individual, los de menores ingresos relativos, por lo que se condena a los trabajadores a una muy inferior calidad de vida cuando les llega el momento de su retiro. Lo que significa una gran injusticia social porque el llamado “beneficio de la jubilación” en la realidad es un castigo.
En primer término porque el haber jubilatorio no es el resultado de lo que el trabajador ha aportado durante los años de actividad. Y en segundo lugar, porque luego de haber trabajado, en la inmensa mayoría de los casos durante más de treinta años, que es el lapso de aportes que habilita para el acceso a la jubilación, y luego de logrado determinado nivel de vida durante la vida en actividad, se lo condena a bajar sus condiciones de vida drásticamente, debido a que su ingreso jubilatorio real es menor a la mitad del ingreso percibido en actividad al momento de producirse el retiro. Lo que luego se agrava dramáticamente en forma casi inmediata, debido a la desactualización provocada por la inflación, por no ajustarse el haber con las actualizaciones equivalentes.
A lo anterior debemos agregar la deficiente atención de la salud por parte del PAMI, tanto por la precariedad de los servicios que brinda como por el alto costo de los medicamentos, que aún con los descuentos que se les realizan a los jubilados, el constante aumento de precios de los mismos no guarda relación alguna con el cuasi congelamiento de los haberes jubilatorios. A lo que hay que agregar que no todos los medicamentos que necesita un adulto mayor están subsidiados por el PAMI, que es su obra social y a la que hace su aporte mensualmente.
Se cumple en este aspecto con aquello de que “mientras los ingresos suben por la escalera, los precios lo hacen por el ascensor”.
Con este grave cuadro de situación transcurre la vida de quienes realizaron sus mayores esfuerzos en sus trabajos durante una gran parte de su vida para vivir dignamente, y alimentaron el sueño de disfrutar de una vejez tranquila sin padecimientos ni privaciones.
Está claro que los jubilados, con el sistema de previsión que debiera protegerlos, con una clara ecuación de justicia por lo que han aportado al mismo, están condenados a vivir en la indigencia.
Resulta difícil aceptar que se utilicen los fondos de los jubilados para otros fines que no son los establecidos por la ley, cuando hay tanta necesidad de actualizar sus ingresos.
Si se fortaleciera la dignidad de los jubilados a través de la actualización de sus haberes, automáticamente se aumentaría el consumo y consecuentemente se reactivaría la producción de bienes y servicios, con lo cual se beneficiaría directamente también a la población activa con más fuentes de trabajo, en lugar de subsidiar a los empresarios para que mantengan los puestos laborales.
Mientras que la política adoptada por el gobierno nacional de disponer arbitrariamente de los fondos, sin control ni aceptación alguna por parte de los interesados ni de ningún organismo que los represente, agrava el problema que afronta la clase pasiva, y la expone en un corto plazo futuro a un alto riesgo, al entregar grandes sumas de dinero a empresarios que están afrontando situaciones financieras y económicas deficitarias, cuando no, directamente el estado de sus empresas es de quebranto con difíciles probabilidades de recuperación.
La alquimia económica que se practica en la Argentina actual, viciada de desmedidas ambiciones políticas personales de quienes utilizan el poder delegado por la ciudadanía en contra de los intereses de sus representados, coloca a nuestro país en una muy difícil situación económica y social, en la que el constante cambio de reglas de juego sin ninguna lógica que responda al sano movimiento de las variables que conforman las ciencias económicas, más el desvarío que aparentemente produce el poder, nos expone a una situación sumamente grave: se está destruyendo la poca previsión que nos quedaba.
Y cuando se destruye la previsión, se puede caer muy fácilmente en una lucha de todos contra todos, porque no hay ninguna red social que pueda contener la angustia y menos aún la desesperación que son comunes en situaciones límite.
En nuestra sociedad hace muchos años que se han perdido los valores del respeto y protección de los niños y de los ancianos.
Y cuando se pierden esos valores esenciales en toda sociedad civilizada, además de vulnerarse derechos esenciales, se está provocando la destrucción del tejido social.
La mutualidad que es un sistema basado en la previsión, desde hace muchos años ha considerado y dado respuesta a esta cuestión a través de los fondos compensadores de jubilaciones y pensiones, algunos de los cuales también han tenido que soportar el impacto negativo del apoderamiento sin consulta previa a los legítimos titulares de los fondos de los trabajadores que aportaban a las AFJP.
A fin de frenar el acelerado deterioro que se está produciendo en nuestra sociedad, es imprescindible que nuestras autoridades reflexionen y actúen inspirados en el logro del bienestar general que les impone nuestra Constitución Nacional y tengan presente que los pueblos que no protegen a sus mayores, actúan en contra de su propio futuro. |