Principios de Mundo Mutual    
 
   
MAR 2 de SEP de 2014
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Abril 2010
 
 

Dr. Luis Valladares

Acerca de los Valores del mutualismo

 

 

 Dr. Luis Valladares

Sabemos muy bien que el mutualismo fue creado sobre la base de valores éticos y morales aplicados a la construcción de una sociedad que dignifique a todos sus integrantes.
Su doctrina y sus principios señalan el comportamiento que deben tener sus miembros. En esa construcción trabajan diariamente todas las personas de bien que lo han tomado como una misión, y que en una gran cantidad de casos, excediendo el marco necesario para el cumplimiento de sus tareas, han postergado parte de sus aspiraciones renunciando a beneficios personales porque consideran que deben enaltecer a ese extremo la obra que realizan.
El loable idealismo y entrega personal llevado a la práctica, constituye un círculo virtuoso que a modo de recompensa no esperada, devuelve a sus protagonistas la felicidad que otorga la solidaridad, además de la satisfacción de saber que el aporte que realizan, es una prueba palpable de que están haciendo una sociedad mejor.
Lamentablemente y como suele decirse usualmente, no todo es color de rosa y existen excepciones que con sus actos contrarios a los valores del mutualismo, desechan las conductas que hacen a los hombres de bien dañando al propio sistema. Pero además, y como si esto fuera poco significativo e importante, contribuyen directamente a que nuestra sociedad continúe en forma cada vez más acelerada su tránsito por ese camino denigrante y vergonzoso que pareciera no tener retorno. Amparados además, por quienes pudiéndolo hacer, consideran que es imposible cambiar esto, y no vacilan en renunciar a sus principios aceptando lo que debieran combatir.
El daño que realizan es aún mayor, porque con el mal ejemplo que dan a los jóvenes, están formando a las nuevas generaciones que muy probablemente repetirán sus malas prácticas por no conocer otras formas, o porque hacer las cosas bien, ya no tendrá cabida en un medio totalmente corrupto.
Ya en nuestra actual sociedad comprobamos que muchas personas de bien renuncian al ejercicio de sus propios derechos por considerar que no es posible hacerlos respetar debido a las exigencias que les imponen las prácticas corruptas, y por haberse convencido de que de poco o nada sirve el rechazo o la denuncia, alineándose en un concepto contrario a lo que sostenemos quienes trabajamos todos los días para mejorar a nuestro país, y sosteniendo equivocadamente que si no aceptan las reglas de juego que les imponen los corruptos, lo harán otros, en lugar de imponer sus principios como corresponde a toda persona de bien. Y al hacerlo así, todo sigue cada vez peor.
Casi todos los días nos enteramos de la comisión de actos de corrupción. Pero es muy difícil comprobar si se aplican medidas reparadoras y a la vez ejemplificadoras, lo que desalienta toda expectativa de esperar soluciones que se correspondan con los conceptos que de manera indubitable debieran prevalecer en la Justicia, en los gobernantes y en todos aquellos que asumieron responsabilidades que los obligan a dar los mejores ejemplos y a velar por el bien común.
Hay muchos enemigos de la sociedad que contribuyen a que la corrupción sea una práctica corriente. Son aquellos que por haber participado en esos actos para obtener un beneficio, han renunciado a sus valores y se convierten en cómplices sin que ello les cause ningún cargo de conciencia, ya que se conforman con que si bien tuvieron que dejar el 50% o cualquier otro porcentaje de lo firmado como recibido, al menos les quedó el resto. Está claro que nuestra posición es contraria a esta clase de valores económicos despreciables.
El mutualismo es una de las pocas pero más fuertes reservas morales que tenemos en nuestro país. Por ello, es que lo necesitamos hoy más que nunca.
El mutualismo no solamente puede predicar con el ejemplo, sino que puede impulsar a través de los actos de sus dirigentes, el hábito de no permitir que a nuestro alrededor se realice ningún acto que esté reñido con la ley y las buenas costumbres. Desde la exigencia del comprobante de venta respectivo en todos los negocios, hasta rechazar cualquier ofrecimiento o pedido que no responda al cumplimiento de los valores éticos.
Porque si cada integrante de nuestra sociedad actúa de ese modo, seguramente podremos cambiar a nuestro país y lo encausaremos por un camino distinto del que está transitando. Ese camino tiene como destino la grandeza de nuestra patria; el bienestar de todos los habitantes de nuestro suelo y la desaparición de la pobreza y de la indigencia.
Los que conocimos una Argentina en pleno progreso, podemos asegurar que es posible lograr un desarrollo pujante con una sociedad en que sus miembros se respeten a sí mismos trabajando honradamente.
Para eso son necesarios varios componentes que actúen de manera simultánea, y uno de ellos, es la honestidad para que podamos volver a creer, porque la honestidad genera confianza. Es imposible crecer económica y socialmente sin recuperar la credibilidad en el prójimo, y por supuesto, reafirmando la capacidad y fuerzas de nosotros mismos.
Abundan y prevalecen los casos de Mutuales exitosas que responden a la práctica de los Valores y de la doctrina, como también hay muchas que amparadas en el prestigio de las primeras, actúan en forma paralela y alejadas de las premisas del mutualismo.
Entendemos que adjudicar culpas a terceros sin que ello signifique una reparación, no conduce a nada. Se trata de que cada persona que desempeñe un cargo dirigencial en el sistema mutual, cumpla con los postulados del mutualismo y no permita que nadie se aparte de los mismos.
Comencemos por purificar nuestro sistema y seguramente podremos tener esa presencia en la sociedad tan ansiada y todavía no lograda, porque la población será la que otorgue el reconocimiento a las buenas prácticas de la mutualidad que honran al ser humano.

 
 
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