La difícil y necesaria recuperación del concepto de la previsión
por el Dr. Luis Valladares
Han pasado muchos años desde que se enseñaba en las escuelas a los niños a ahorrar. Ese ahorro llevaba implícito el concepto de la previsión en general. Lamentablemente fue eliminado por la inflación y las políticas comerciales promotoras del consumo. También por esa costumbre que está tan arraigada en nuestro país de realizar cambios, en este caso en la enseñanza, por lo cual nada perdura y muchos proyectos de toda índole quedan sin terminar.
Tiempo más tarde, por la ruptura del contrato entre depositantes y los bancos, al quedar los ahorros indisponibles para sus titulares y en muchos casos haberse perdido gran parte o toda su capacidad de compra por la demora en la devolución.
Fue así que también se destruyeron las prácticas del buen ciudadano que sabía que debía cumplir con sus obligaciones previsionales e impositivas, aunque en la idiosincrasia argentina nunca estuvo totalmente instalado ese concepto, y menos aún, de manera perfecta.
Pero los ejemplos que vemos a diario, contribuyen permanentemente a erradicar todo intento de hacer el esfuerzo de formar una reserva para atender cualquier contingencia, o lograr que la ciudadanía responsable de hacerlo, en general, cumpla con sus obligaciones con el fisco y con la sociedad que tanto necesita de su aporte.
Además, resulta muy difícil aceptar que las más altas autoridades elegidas y no elegidas por el pueblo, pero que ejercen el poder público, modifiquen el destino de los dineros que debe administrar, apartándose flagrantemente de lo dispuesto por las leyes y sin tener ninguna consideración ética ni social por la voluntad de los propios interesados, que son los legítimos propietarios, como fue el caso de los fondos depositados en la ANSES y los aportados por los contribuyentes a las AFJP. Por otra parte, si las AFJP eran tan malas administradoras como para justificar la toma de los fondos y su disolución, no debemos olvidarnos que el control de las mismas siempre lo ejerció el Estado, por ser una de sus obligaciones. Entonces, ¿de quién es la responsabilidad de permitir que no obraran correctamente?
Ahora estamos frente a la grave intención de sacar fondos de las reservas que custodia el Banco Central, y como ya ocurrió en otros tiempos, se pretende hacer sin importar el deterioro que se provocará al valor de nuestra moneda al disminuir el respaldo de las reservas, para esto, se utiliza el eufemismo de que se retirarán las utilidades que ha tenido ese Banco.
A la vista de tantos desatinos, los contribuyentes que por la degradación de sus prácticas de los valores, tienen debilitada la voluntad de cumplir con sus obligaciones, justifican, en el mejor de los casos su evasión, haciendo referencia a los actos desafortunados de los responsables de administrar el dinero que los contribuyentes tienen obligación de aportar.
En este sentido, no solamente se han perdido en gran medida los conceptos de previsión; de las obligaciones ciudadanas; de la solidaridad social, etc., sino que se han perdido hasta las formas, que por supuesto sería lo de menos, si se cumpliera con el fondo de la cuestión. En una enorme cantidad de negocios, a los que acude el público en general -y esto lo sabemos todos porque ocurre en todo el país-, no entregan factura o ticket si no se les solicita, con lo que se manifiesta la intención de evadir, y también llegan al extremo de entregar un ticket con el nombre del lugar y con la leyenda “si necesita factura solicítela” (¿?).
No cabe duda de que con el cuadro de situación que tenemos habrá que hacer muchos esfuerzos, durante mucho tiempo, para revertir esta situación.
No obstante, teniendo como objetivo fundamental el mejoramiento de las condiciones de vida de toda la población, comenzando por las pequeñas comunidades, y conociendo a nuestras entidades y a una gran cantidad de miembros que las conducen, que han demostrado tener la capacidad suficiente y la voluntad de trabajo necesarias para emprender y/o continuar con las obras iniciadas con ese propósito, tenemos la convicción de que será posible lograr que nuestra sociedad se reencause por el camino del trabajo; de la producción; del cumplimiento de las obligaciones ciudadanas; aunque para lograrlo sea necesario emplear un tiempo más prolongado que el anhelado. En este sentido adquiere mucha importancia la planificación de las acciones y el posterior cumplimiento del plan diseñado.
Desde el comienzo debemos tener en cuenta que ante semejante esfuerzo, no debemos desmayar por los inconvenientes que se presenten, y menos aún, abandonar el cumplimiento de lo que nos hemos impuesto, porque el alto objetivo que debemos alcanzar, es mucho más importante y merecedor de hacer cualquier sacrificio con tal de llegar a su cumplimiento.
El cooperativismo entre tantas fortalezas que posee, cuenta con el apoyo de una gran cantidad de profesionales, entre los que abundan quienes poseen una gran idoneidad y excelente trayectoria.
Las Cooperativas están en marcha; sus dirigentes tienen vocación por los temas sociales y la firme voluntad de cumplir con la misión que cada uno se ha impuesto de trabajar para la comunidad, porque además de su propia vocación de servicio, así lo expresan los Principios Cooperativos.
El país necesita hoy más que nunca el enorme aporte de las Cooperativas, y esa gran parte de la sociedad que está padeciendo los problemas más indignos y acuciantes, merece que nuestra respuesta llegue lo antes posible.
La suma de los pequeños aportes, hará que el sueño del gran país con justicia social sea una realidad.
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