SAB 4 de JUL de 2009    
   
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Mayo 2009 - Editorial
 

Dr. Luis Valladares

¿Quiénes se ocupan de detener la decadencia?

 

 

 Dr. Luis Valladares

El gran deterioro que sufre la educación en nuestro país desde hace muchos años, atenta en forma directa contra el progreso y el bienestar de la población.
El deficiente sistema de atención de la salud, constituye una tremenda traba para el bienestar de la gente y el desarrollo de la sociedad, ya que sin trabajo no puede haber progreso, y sin salud, no puede haber trabajo.
El abandono al  que están sometidos gran cantidad de menores de edad, profundiza la crisis que soportan, ya que se los somete a una mala alimentación, al analfabetismo, a una deficiente atención de su salud y a la tremenda exposición al consumo de drogas que aumenta geométricamente día a día, a la vista de toda la sociedad y de las autoridades, sin que se tomen medidas efectivas para terminar con esta forma criminal de atacar a la sociedad.  
Con la forma en que estamos descuidando y maltratando a los niños, a los adolescentes y a la juventud, estamos provocando un daño irreparable, pues sólo debemos esperar futuros hombres y mujeres incapaces para ganarse su sustento; sin dignidad; resentidos socialmente y aptos solamente para llevar a cabo acciones comunes al malvivir.
De este modo estamos comprometiendo severamente el futuro de las nuevas generaciones y del país todo.
Es tiempo de reaccionar y recordar la sabia expresión de Pitágoras: “Educa a los niños y no tendrás que castigar a los hombres”.
En cuanto a los ancianos, nuestra generación practica el abandono. El desamparo al que están sometidos es propio de una sociedad que no se quiere a sí misma. Las magras jubilaciones que perciben, con el agravante de la extracción de sus fondos por parte del Estado, que las destina a otros fines ajenos al propósito para el que han sido aportados y que ni siquiera están debidamente controlados, impiden a sus legítimos titulares satisfacer sus necesidades mínimas.
A nadie escapa que la atención médica que brinda el PAMI es muy deficiente. Que a una enorme cantidad de jubilados les es imposible comprar los medicamentos aún con los descuentos que se realizan a través del PAMI, debido a la desmesurada relación que existe entre el costo de los medicamentos y las magras jubilaciones.
Por otra parte, es inaceptable que haya servicio de ambulancia para el traslado gratuito hacia los hospitales en casos de emergencia, y cuando se les da el alta a los pacientes, no se los traslade nuevamente a su domicilio, debiendo hacerse cargo los familiares que no siempre están en condiciones de pagar ese servicio. Sabido es que muchas veces se les da el alta por falta de cama, más que porque se hayan recuperado totalmente.
Además, el hecho de poder seguir el tratamiento en su domicilio, no es prueba de que puedan trasladarse por sus propios medios. Por el contrario, en la mayoría de los casos, los pacientes no salen precisamente caminando de los hospitales.
La mayoría de los jubilados cobran $ 700.- mensuales. Con eso deben atender su alimentación; su salud que por las edades que tienen, requiere una mayor atención y por lo tanto genera mayores gastos; los gastos de vestimenta y pagar la electricidad, el gas, etc. Sencillamente no pueden hacerlo.
Nuestra sociedad no se hace cargo con responsabilidad de sus niños, jóvenes ni ancianos. Ellos están desprotegidos en todo sentido.
Y una sociedad que no se hace responsable de sus niños y ancianos, solamente puede esperar un mal futuro para todos sus integrantes.
Esto que es conocido por toda la sociedad merece ser atendido desde nuestras cooperativas. O por lo menos, llevar estos temas a la mesa de discusión para analizarlos y buscar las formas para ejercer el derecho a peticionar ante las autoridades; o estudiar otras maneras de darles alguna solución y proponerlas al Estado; y por qué no, también estudiar la posibilidad de que nuestra cooperativa, unida con otras, intente dar solución mediante acciones que se traduzcan en la toma de conciencia de todos los miembros de la sociedad local; que se realicen acciones para movilizar a la comunidad y entre todos poder resolver estos graves problemas que son conocidos, pero que parece que para la mayoría no existieran. Y por supuesto, no son atendidos debidamente por las autoridades, porque si se ocuparan de hacerlo, obviamente los mismos no existirían.
Las cooperativas que son sociedades de personas con espíritu emprendedor, con sensibilidad social, y con un gran interés por todo lo que atañe a la vida en comunidad, tienen en la actualidad un mayor compromiso y una misión a cumplir: ocuparse y colaborar para resolver estos urgentes temas.
Y ante la gravedad de la situación, no resiste ningún argumento que pueda intentar desligarse de la responsabilidad, como por ejemplo, que no fueron creadas para eso, que la obligación es del Estado, etc.
Porque si continuamos así, ya no vamos discutir si nos corresponde o no, pues será de tal magnitud y gravedad el problema que la solución será inalcanzable.
No perdamos más tiempo y actuemos hoy mismo. Comencemos viendo con qué posibilidades contamos; qué podemos hacer para convocar a todas las fuerzas vivas locales y sumar los esfuerzos; ejerzamos el derecho a peticionar a nuestras autoridades para que no se continúen llevando a cabo acciones que debiliten aún más la protección de nuestros niños y de nuestros ancianos.
No olvidemos que ellos son los más indefensos y que los que estamos en actividad tenemos la obligación moral de protegerlos, porque además, en el futuro seremos nosotros los que estaremos en la misma o peor situación de la que están actualmente ellos.
El sentido de la cooperación, de la solidaridad y el compromiso con la comunidad que tenemos, nos deben guiar en estos tiempos que nuestras comunidades necesitan tanto de nosotros.

 
 
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